sábado, 2 de enero de 2010

Recuentos 2009: Divagaciones

La primera entrada del 2010 está dedicada al 2009. Echando un vistazo al centenar de notas que registré a lo largo del año, se me ocurrió elaborar el Top10 de mis propias divagaciones. Algunas más breves que otras, las diez entradas seleccionadas podrían ayudar a sintetizar el modo en que viví la más reciente vuelta al sol completada por nuestro planeta. En orden estrictamente cronológico, aquí están.

9 de febrero. Luz y oscuridad. [El punto de partida. Curioso que en la recta final del 2009 volviera más de una vez a ideas semejantes.]

20 de febrero. Silencio. [Sin palabras.]

26 de febrero. Visión. [Otra más de febrero; una revelación clave en la primera etapa del año; una idea que quizá debería tener presente con más frecuencia.]

23 de mayo. Gente de bien. [Un episodio clave para comprender el 2009 y cerrar una década; una valiosa estación para recargar combustible.]

20 de abril. Atrapar el tiempo. [Una divagación que tuvo segunda y tercera parte; una mirada a una de mis obsesiones recurrentes.]

7 de junio. Terapias. [A mitad del año, nueva carga de energía justo a unas semanas de la transición. Dato curioso: escribía esto sin imaginar las horas de carretera que me esperaban.]

24 de junio. Vocación. [Un mensaje para mí disfrazado de mensaje para otros; una forma de cerrar un ciclo.]

30 de agosto. Presiones y coincidencias. [Otra dosis de combustible, esta vez celebrando una década de coincidir.]

24 de septiembre. Recuento antes de partir nuevamente. [Una pausa: una bocanada de aire desde la cuna de aquel Ernesto-en-Barcelona.]

10 de noviembre. Recuperando. [Una divagación que sintetiza los contrastes que acompañaron al año: las luces, las sombras, la necesidad de creer...]

jueves, 31 de diciembre de 2009

365

Ciclos. Rituales. Se cierra un 2009 extraño, un año que a ratos parecía como vacío, como una inmensa pausa. Y, sin embargo, mucho ha sucedido. Inevitable. Una vez más, un vistazo. Y encuentro que si bien caminé mucho, buena parte del andar fue dando vueltas sobre un mismo punto. Al final, no estoy muy lejos de donde estaba hace 365 días. ¿O sí? Da igual. Aprovecho el ciclo y el ritual para retomar algunas cosas y comenzar otras que he ido postergando.

Cierro 2009 agradeciendo. No podía ser de otra manera. A pesar de la pausa, reconozco que elementos para dar gracias hay muchos. El año me trajo la oportunidad de encontrar, recuperar y conservar grandes afectos. De encontrar pequeñas piezas del rompecabezas. Pero también este vistazo atrás se topa con neblina. No tengo muy claro dónde en la línea del tiempo se ubican las personas y los acontecimientos, pero es evidente que están en alguna parte porque sus huellas están registradas con profundidad.

Quizá sea eso. Han sido tantas cosas y tan de repente, que se desvanecen. ¿Qué queda de todo ello? No lo tengo claro. Pero está el yo que soy ahora, después de 365 confusos y extraños días. Un Ernesto que a veces se siente más fuerte y que al mismo tiempo se descubre indiscutiblemente más frágil. Un Ernesto que no tiene muy claro lo que espera de 2010; quedan un par de horas para imaginarlo. Y eso hago. Ya lo decía ayer, no pretendo un mapa con la ruta paso a paso; aspiro simplemente a una idea, una zanahoria que me ayude a ir construyendo el camino que, según dice el poeta, se hace al andar.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Nuevo rostro... otra vez

Me gustaba el look de la libreta, sí. Era simple, creo. Pero quizá demasiado. Y en su simplicidad, la lectura del blog, me dicen algunos, resultaba complicada. Parece que para algunos no era sencillo navegar un formato que constreñía las opciones digitales a un esquema más propio para el papel. En fin. De un extremo a otro, pero conservando la idea de lo simple, aquí un nuevo rostro. No es la gran cosa pero me permite, creo yo, concentrarme en el texto. Y al mismo tiempo facilitar la navegación a los lectores supervivientes. Año nuevo, al fin y al cabo.

Se acaba...

Se acaba el año. Un año difícil. Extraño.

Cierto. De alguna manera todos lo son. Todos tienen sus complicaciones, sus peculiaridades. Pero el estar ante el ocaso de éste en concreto, resulta casi inevitable ser particularmente severo con sus 365 días.

Es un cliché decir que el tiempo se va cada vez más rápido. Un cliché y un absurdo. El tiempo transcurre indiferente a la percepción que tengamos de él.

Cierto. Nuestra percepción hace que el tiempo resulte relativo. Rápido, lento. Qué más da. El hecho es que se escapa un año que en muchos ámbitos me parece un tanto vacío. Puedo estar siendo injusto, lo reconozco, pero de pronto parece que el año pasó en vano.

Y sí, soy injusto. Porque muchas cosas han sucedido. Mucho seguramente que no alcanzo a ver ante la neblina propia del pasado reciente.

Muchos pendientes. Y yo aquí divagando. De alguna manera debo sacar el mayor provecho posible a las horas que restan de este año. Y, sobre todo, trazar una ruta para 2010.

Cierto. Puede parecer que de nada sirven las rutas cuando el tiempo y la geografía misma cambian a cada momento. Pero no hay que confundirse. La ruta no tiene por qué ser inflexible. Se trata de una forma de ponerle nombre al destino y contar con elementos relativamente seguros para navegar. Ya la realidad se irá imponiendo. Y se irán ajustando las velas. Por lo pronto, extiendo el mapa para trazar cierto sentido a este año que ya se nos viene encima.

Para los próximos días, los recuentos de 2009 y algunos cambios —sí, cambios otra vez— en esta libreta virtual.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Civilización

«Cuando me siento pesimista por la situación del mundo, a menudo pienso en aquella época, aquí en España, a principios de la Edad Media, en Córdoba, en Granada, en Toledo, en otras ciudades del sur, donde cristianos, musulmanes y judíos convivían en armonía; poetas, músicos, escritores, sabios, todos juntos, admirándose los unos a los otros, ayudándose mutuamente. Duró tres siglos. Esta maravillosa cultura duró tres siglos. ¿Se ha visto algo parecido en el mundo? Lo que ha sido puede volver a ser.»

Ando recuperando notas, tratando de articular un índice tentativo para mi proyecto. Reviso las infinitas notas que he ido registrando por doquier a lo largo de dos años y medio. Me topo con ésta, del discurso de Doris Lessing al recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2001. No sé si lo que dice hay sido realmente, pero es interesante explorarlo un poco, poner en duda mucho de lo que nos han contado, sospechar si aquel mundo hostil pre-moderno no es realmento un invento que ayuda a legitimar la bestialidad civilizada en que vivimos desde hace cinco siglos.