jueves, 6 de septiembre de 2018

A veces ocurre...

¿No te ocurre a veces que sientes una necesidad imperiosa de transformar el mundo, de cambiar las cosas de forma radical, y lo tienes claro en tu mente, y sabes que es posible pero que no puedes hacerlo solo, y tratas de empujar... y de pronto te confirmas profundamente solo?


Y todo te recuerda esa insatisfacción permanente con las cosas como están, y alcanzas a ver por dónde, y lo señalas, y a quienes te rodean les hace sentido, pero no consigues la forma de animarlos a atreverse, a dejar atrás el miedo...


Y los enemigos -porque, sí, claro que hay enemigos, aunque seguro hay algún término políticamente más adecuado para nombrarlos- no se quedan quietos, por supuesto. El reto es más grande. Y te descubres exhausto. No te rindes, pero las fuerzas tienen un límite.


Tu cabeza está muy llena. No has sido capaz de abrirle espacio a tanto, porque la urgencia que te mueve no te da tregua, el tiempo pasa rápido, y quieres de veras hacer una diferencia, pero te sabes mortal, y nunca sabes si el final está a la vuelta.


Pausa. Por ahora. Seguimos.

sábado, 18 de agosto de 2018

En sus marcas, listos... ¡disfrutemos el curso!

Comparto el texto de un correo que he enviado esta tarde a mis compañeros del colegio. Lo extiendo a todos mis amigos docentes y a todo aquel que hoy se prepara para iniciar un nuevo curso.



Les escribo con profunda alegría en el marco de este inicio de ciclo, emocionado testigo del compromiso que caracteriza a esta gran familia de colaboradores. Les agradezco a todos el gran esfuerzo realizado en estas primeras semanas para lograr todos el inicio de un gran ciclo escolar para todos nosotros y para nuestros estudiantes.

Hace unos días leía un breve artículo sobre uno de los graves problemas que aquejan a nuestro sector: el estrés y agotamiento docente. Sin duda el fenómeno es preocupante, pues existen grandes demandas sociales sobre los educadores y a la vez muchas presiones laborales y personales. En estas semanas hemos abordado de diversas formas la importancia de trabajar con nuestros chicos en la dimensión socioemocional. Lograr el equilibrio personal no es tarea fácil en un mundo vertiginoso y lleno de presiones. Si bien no tengo la solución a un tema tan complejo, me permito poner en la mesa algunos aspectos que podemos tomar en cuenta para disfrutar nuestro trabajo cada día más, desarrollarnos de forma personal y ayudar al mismo tiempo a nuestros chicos para que sean más felices.

Primero, destaco que ninguno de nosotros está solo. Somos un gran equipo. Con toda nuestra diversidad, formamos un sistema con grandes riquezas. Una de las mejores maneras de aprovechar esa riqueza, es buscando y construyendo entre nosotros conversaciones positivas. Siempre enfrentaremos momentos difíciles; ante ellos, mi invitación es a que nos ayudemos a poner esas dificultades en perspectiva, encontrar el papel que estamos jugando de manera personal en cada posible conflicto, evitar juzgar o actuar con prejuicios sobre las intenciones de los otros (estudiantes, compañeros, familiares) y busquemos juntos la forma de superar las dificultades con buen ánimo, sabiendo que no estamos solos.

La mejor forma de crecer es creciendo juntos. Aquí no hay ninguna competencia. Así como en nuestro COlegio no tenemos cuadros de honor con los estudiantes, tampoco tenemos cuadro de "empleados del mes". Estamos seguros de que todos podemos ser mejores cada día y alcanzar de la mano un mayor desarrollo personal y profesional. Hagamos de nuestras conversaciones una oportunidad de ayudar a crecer al otro, especialmente cuando tengamos desacuerdos o diferencias. Busquemos comunicarnos de forma oportuna, cuidadosa, abierta. 

Siempre existirán cosas que no nos gusten del todo. Quizá haya algunos estudiantes difíciles, familias excesivamente demandantes y sobreprotectoras, compañeros que no tengan la misma capacidad de intervenir que nosotros... Siempre habrá procedimientos que nos parezcan excesivos, peticiones o indicaciones con las que no estemos plenamente de acuerdo... Ante todo ello, evitemos juzgar con frialdad y busquemos un poco de empatía. Recordemos que todos hablamos y actuamos a partir de nuestras biografías, nuestras experiencias. No queramos adivinar intenciones ocultas ni descalifiquemos a los otros aún cuando nos parezca que algo debería ser obvio para todos. Seamos humildes y recordemos que de vez en cuando puede venir bien el ritual japonés del té para propiciar el encuentro y la conversación.

Cuando las cosas nos parezcan especialmente difíciles, busquemos el apoyo y la orientación de algún compañero. Especialmente les invito a todos a dialogar abiertamente con sus jefes. Si hablamos dando testimonio de nuestra responsabilidad y compromiso, siempre podremos encontrar soluciones a las diferencias. A quienes ocupan una responsabilidad de dirección o coordinación, les pido escucha y apertura con sus equipos. En todas las relaciones que establezcamos, cuidémonos entre nosotros. 

Las responsabilidades de todos son muy grandes. Tenemos en nuestras manos a más de un millar de niños y adolescentes cuyas familias depositan en nosotros su confianza cada día. Esas responsabilidades obligan a que todos trabajemos con rigor y exigencia, pero también con cordialidad. Cumplamos cabalmente con lo que nos toca; pidamos ayuda cuando sea necesario y estemos dispuestos a ayudar a quien lo necesite.

Quizá este largo texto resulte un poco redundante para algunos. Si han llegado hasta aquí, agradezco su paciente lectura y concluyo con una sencilla invitación: disfruten plenamente este nuevo curso; disfruten intensamente cada jornada, cada clase, cada actividad, cada tarea que realicen desde sus diferentes responsabilidades. Hagamos nuestro trabajo contagiando alegría, pues a pesar de los muchos problemas que nos aquejan, hay mucho por lo que podemos estar agradecidos y muchas cosas buenas que nos quedan por alcanzar juntos.

Les dejo como remate el enlace a un video que ha circulado en redes últimamente y que hace poco me compartió uno de nuestros compañeros. Es una charla en la que Alex Rovira nos recuerda que nuestra mirada, nuestra manera de estar en el mundo, puede transformar a las personas

Les abrazo deseando que tengan un excelente ciclo 2018-2019.

sábado, 28 de abril de 2018

Primero los mexicanos no es lo mismo que "Mexicanos Primero"

Hace por lo menos seis años que Mexicanos Primero, organización fundada por Claudio X. González, marca la agenda en materia educativa en este país. En aquellos días, el documental De Panzazo (2012) colocó en el centro de debate controvertidas aristas de nuestro enmarañado sistema educativo, preparando el terreno para el golpe mediático que significó la detención de Elba Esther Gordillo al año siguiente y para la puesta en marcha de la tan manoseada “reforma educativa” de este sexenio.

Hoy, Mexicanos Primero sigue operando en favor de su propia agenda, presentándose como la voz de los niños, de los maestros serios, de los que se preocupan realmente por la educación. Ante ese afán de presentarse como “representantes de la sociedad civil” (perdón, ¿quién los eligió para representarnos?), cuestionar a Mexicanos Primero se interpreta como un auténtico ataque a la educación. Por eso tantos celebran el desafortunado spot que lanzaron en estos días representando, según las palabras de la propia organización, “los sueños de los niños, no de los políticos”. Pero, claro, no nos presentan a niños compartiendo sus sueños, nos muestran a cinco niños interpretando una parodia de los aspirantes presidenciales, con un guion escrito por estrategias políticos.

Cuando solo uno de los cinco candidatos ha manifestado abiertamente su rechazo a la Reforma Educativa, es evidente que el spot tiene una finalidad. ¿O de verdad somos tan ciegos? Claro que no. Por eso quienes se oponen al Peje lo celebran y sus seguidores lo repudian. Algunos, que no nos consideramos ni lo uno ni lo otro, intentamos leerlo de manera más crítica. ¿De verdad se vale intervenir así en la campaña? Quizás. Pero si Mexicanos Primero quiere ser parte de la campaña, debería hacerlo abiertamente, no manipulando con mensajes cursis que poco abonan a la incipiente deliberación democrática de nuestro país.

Muchos temas podríamos debatir sobre el spot: la utilización burda de niños en campañas políticas, la desinformación existente en torno a la “reforma” educativa, los estereotipos que reproduce, la banalidad que promueve y que enrarece nuestro proceso electoral... Pero hay un tema del que se habla poco y que no debería dejarse de lado: el interés que mueve a Mexicanos Primero.

Lo apunté (quizá no con suficiente claridad) cuando reseñé la película De Panzazo hace seis años: en estos temas es fundamental seguir la pista del dinero. Para mí, cada vez es más claro que en la agenda de Mexicanos Primero está impulsar un modelo de escuela concertada para México, un modelo que permitiría al Estado poner la operación de centros originalmente públicos en manos de particulares. El modelo exacto que Claudio X. González busca todavía no lo tengo del todo claro, pero su gente cabildea esto desde hace tiempo en algunos sectores y en tiempos recientes con más fuerza. Por lo pronto, el informe más reciente de Mexicanos Primero -publicado a inicios de 2018 y titulado La Escuela que queremos (sí, me queda claro que es la escuela que literalmente quieren para ellos)- les ha servido como diagnóstico para demostrar lo que todos sabemos: en materia educativa el Estado está rebasado.

Ante un sistema educativo absolutamente rebasado como es el mexicano, sin duda un modelo de escuela concertada podría traer grandes beneficios sociales. Pero en una estructura grotescamente corrupta como la que medio sostiene a nuestras instituciones, esa transición es muy peligrosa. Son millones y millones de pesos los que puede significar este “negocio” para una organización que se embolse la “concesión” de unas cuantas escuelas. Cierto que hoy muchas escuelas de sostenimiento particular -no todas, por supuesto- ya lucran más allá de lo legítimo con la educación. Pero el dinero que se mueve ahí es completamente privado. En un modelo de escuela concertada hablamos de dinero público, el asunto es claramente distinto.Sin un modelo que garantice absoluta transparencia en la gestión de escuelas concertadas, estaríamos a las puertas de una nueva “estafa maestra”.

Remato dejando una liga a lo que escribí en septiembre de 2013 cuando se ponía en marcha la dichosa “reforma”. Han pasado unos años; el escenario no es muy distinto y mis conclusiones siguen en la misma línea: seguimos sin apostar en serio a la formación de maestras y maestros, seguimos atorados creyendo que los exámenes representan los “logros” y aprendizajes de los estudiantes y seguimos sin cambiar las anquilosadas estructuras burocráticas que nos atan al pasado. No todas las reflexiones de Mexicanos Primero son malas y muchas podrían ayudarnos a cambiar las cosas, pero la solución no está en entregarles a ellos la educación de este país. Más lejos todavía: parece la solución auténtica no pasa ni siquiera por las aulas, pues gane quien gane seguirá usando el sistema educativo como botín y rehén. Pienso que la revolución educativa que necesitamos tendrá que venir desde afuera, desde los márgenes.

Por lo pronto, desde esos márgenes convendría desmontar el ridículo mensaje con el que insisten en decirnos lo que debemos pensar y sentir de cara a esta elección. Elige lo que quieras, pero elige tú.

PD. Muchos califican y calificarán de absurdo mi dicho. Ojalá me equivoque, pero por si acaso, guardemos este texto y su fecha. Espero que si es necesario desempolvarlo más adelante, sea para reconocer que me equivoqué.

lunes, 31 de julio de 2017

Tríptico italiano

Ya que ando en esto de recuperar este espacio, comparto con usted –amable y querido lector, lectora– tres imágenes que tenía guardadas desde hace unos meses, mismas que fueron captadas en una escapada a tierras italianas y esperaban el momento oportuno para salir a la luz.

Esta primera la he titulado "Maternidad" o "No le ande usted levantando la mano a su niño". Fue captada en una plaza de la hermosa ciudad de Venecia.



La imagen que sigue no requiere muchas explicaciones. Le he dado el redundante nombre de "Siga usted las sagradas indicaciones". Fue tomada en la Galleria dell'Accademia, en Florencia.



Finalmente, cierro esta trilogía ligando ambos temas: maternidad y misticismo religioso. No sé cómo llamar a esto. Seguro antes de que arda yo en el infierno vendrá alguien a sacarme de la duda sobre el significado de esta escena. Mientras tanto, la he bautizado "–Aquí le traigo unas palomas como sacrificio. –Y yo le traigo a este niño que cada día da más lata." (No estoy seguro, pero creo haberla tomado en la Galleria degli Uffizi, en Florencia.



Sí, yo sé que estas cosas ahora se comparten en redes sociales, pero ando retro, ¿cómo ven?

lunes, 24 de julio de 2017

El affaire Escalante II: más aprendizajes

¿Por qué no está la ingenuidad en la lista de los pecados capitales, siendo causante de tantos males no solo en quien la padece sino también en quienes le rodean? Supongo que el problema con la ingenuidad es que el sujeto que la encarna difícilmente se da cuenta de ello. (Aunque, si lo pienso dos veces, me parece que ese mecanismo de negación funciona con cualquier otro vicio.)

No sé bien cómo acabé tan enredado en la controversia en torno a la crisis que atraviesa el Forum Cultural Guanajuato. Supongo que me condujo a ello mi amor por las artes, mi pasión –como espectador, no más– por la música y en años recientes por la ópera. El Teatro del Bicentenario se convirtió en mi oasis personal a tal grado que quizá verlo en peligro me hizo cegarme por un momento y caer.

No tengo claro dónde, pero hoy pienso que caí. Y caímos muchos, motivados por un auténtico deseo de encontrar continuidad en un proyecto tan importante como ha sido el Forum Cultural Guanjuato con su Teatro del Bicentenario. (A eso, sumemos seguramente nuestra posmoderna necesidad de un poco de fama, ya no medida en minutos, sino en menciones y tendencias en redes sociales.)

Soy ingenuo, quizá, pero nunca he sido complaciente. Testimonio de ello, me parece, son algunas de las reseñas que he logrado documentar en estos años como espectador del Bicentenario. En ellas comparto, por ejemplo, mi convicción de que Violeta Dávalos ha sido sobrevalorada y programada con innecesaria frecuencia; mi apreciación de que el Ramón Vargas que hemos tenido en León es acaso la sombra del Vargas que fue y que nos siguen vendiendo pese a todo; mis observaciones sobre tropiezos y excesos en diferentes aspectos de las diversas producciones que hemos visto nacer en nuestro teatro. Y eso por referirme solo a lo escrito, que representa una pequeña parte de lo que siempre quisiera contar y dejar registrado.

Digo lo anterior para dejar claro que nunca he creído que un funcionario o gestor cultural sea la respuesta salvífica para nuestras artes. ¿Por qué entonces he dicho tanto sobre la salida de Escalante? El asunto me inquietó primero por la incertidumbre que generaba en un ámbito que considero valioso; me lastimó después por la desagradable suciedad con que se terminó concretando; me entristeció finalmente, sobre todo, por las reacciones e impacto que vi en quienes desde nuestra ingenua ignorancia vimos de pronto a nuestros refugios culturales envueltos en una trama digna de musicalizarse y llevarse a escena. (Vale, exagero en esto último, se requeriría mucho genio para lograr una buena obra con una trama tan burda.)

A la grosera ventilada que armaron los consejeros del Forum y su director general, siguieron las reacciones de un coctel de artistas y público que pronto empezó a dejar colar visiones y rencores de diversa índole: antecedentes políticos, grillas del gremio cultural y la mezcla de ambos terrenos han venido a aprovechar la preocupación de quienes solo deseamos conservar un recinto no solo digno sino de clase mundial en el terreno de las artes escénicas.

Muchos nombres han ido apareciendo en el panorama. Muchos vimos en la reciente cercanía de Arturo Joel Padilla con Gerardo Kleinburg una señal de que ahí podía estarse gestando el relevo de Escalante. (Por lo pronto, queda como coordinador del teatro para asegurar que la producción en curso, Carmen, llegue a feliz término). Ahí han estado también la presencia de Sergio Vela en la defensa de Escalante y el discreto perfil asumido por José Areán, concentrado en la dirección musical del montaje inmediato del Bicentenario. También ha llamado mi atención el papel que ha jugado Anne Delécole en la gestión de las iniciativas digitales en defensa de Alonso.

Hasta hace poco, para mí todos los nombres citados en el párrafo anterior eran referentes aislados. Encontraba, sí, algunas conexiones como espectador. Kleinburg y Areán, por ejemplo, conducen el programa Escenarios de Canal 22, donde se han proyectado algunas de las óperas producidas en León, en alguna ocasión incluso con la presencia de Alonso Escalante en el estudio. A Sergio Vela lo identifico como presentador de óperas en Opus 94, estación de radio del IMER, además de reconocer su labor como director de producciones de ópera (la más reciente, por cierto, dirigida para el Bicentenario hace un par de años y transmitida hace no mucho en el citado programa del 22).

Lo divertido es que revisando sus trayectorias, encontraremos otro importante elemento común: todos ellos (Vela, Escalante, Kleinburg, Areán y, sí, también Delécole) han sido funcionarios públicos ligados a la cultura con cargos de alto nivel, siempre conectados entre ellos de alguna u otra manera. Personalmente, debo decir que a todos les he admirado en algún momento. Ignoro si entre ellos las cosas marchen bien o si los años han traído rivalidades y rupturas, pero lo cierto es que en algún momento, como funcionarios, todos han estado metidos en controversias y han sido víctimas de acusaciones delicadas. Una sencilla búsqueda de estos nombres en internet deja claro que algunas historias se repiten como malos melodramas, dejando claro que esa es una faceta aparentemente ineludible de nuestra desastrosa política nacional. Quizá muchos lo han sabido siempre, pero yo reconozco que desde mi ingenuidad desconocía que todos estos nombres estuvieran envueltos a tal grado en semejantes marañas.

Sigo creyendo en lo que escribí hace unos días: el momento es ideal para pensar en un verdadero proyecto cultural, más allá de politiquerías e intereses personales. Esta ciudad ya ha perdido mucho. "No queremos que el Bicentenario se convierta en otro Teatro Doblado", repetimos muchos con justo temor. Celebramos iniciativas valiosas pero las seguimos considerando aisladas, coyunturales. Necesitamos un proyecto a largo plazo y de altas miras.

Sí, quizá la ingenuidad me invade de nuevo, pero así es uno, qué le vamos a hacer. Espero despertar en mi interior cierto grado de malicia para ayudar a que mis ingenuos anhelos se materialicen.

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P.D. Algo debe agradecer mi yo egoísta a esta "crisis" cultural: me ha regresado la necesidad de escribir en estos espacios.