sábado, 28 de abril de 2018

Primero los mexicanos no es lo mismo que "Mexicanos Primero"

Hace por lo menos seis años que Mexicanos Primero, organización fundada por Claudio X. González, marca la agenda en materia educativa en este país. En aquellos días, el documental De Panzazo (2012) colocó en el centro de debate controvertidas aristas de nuestro enmarañado sistema educativo, preparando el terreno para el golpe mediático que significó la detención de Elba Esther Gordillo al año siguiente y para la puesta en marcha de la tan manoseada “reforma educativa” de este sexenio.

Hoy, Mexicanos Primero sigue operando en favor de su propia agenda, presentándose como la voz de los niños, de los maestros serios, de los que se preocupan realmente por la educación. Ante ese afán de presentarse como “representantes de la sociedad civil” (perdón, ¿quién los eligió para representarnos?), cuestionar a Mexicanos Primero se interpreta como un auténtico ataque a la educación. Por eso tantos celebran el desafortunado spot que lanzaron en estos días representando, según las palabras de la propia organización, “los sueños de los niños, no de los políticos”. Pero, claro, no nos presentan a niños compartiendo sus sueños, nos muestran a cinco niños interpretando una parodia de los aspirantes presidenciales, con un guion escrito por estrategias políticos.

Cuando solo uno de los cinco candidatos ha manifestado abiertamente su rechazo a la Reforma Educativa, es evidente que el spot tiene una finalidad. ¿O de verdad somos tan ciegos? Claro que no. Por eso quienes se oponen al Peje lo celebran y sus seguidores lo repudian. Algunos, que no nos consideramos ni lo uno ni lo otro, intentamos leerlo de manera más crítica. ¿De verdad se vale intervenir así en la campaña? Quizás. Pero si Mexicanos Primero quiere ser parte de la campaña, debería hacerlo abiertamente, no manipulando con mensajes cursis que poco abonan a la incipiente deliberación democrática de nuestro país.

Muchos temas podríamos debatir sobre el spot: la utilización burda de niños en campañas políticas, la desinformación existente en torno a la “reforma” educativa, los estereotipos que reproduce, la banalidad que promueve y que enrarece nuestro proceso electoral... Pero hay un tema del que se habla poco y que no debería dejarse de lado: el interés que mueve a Mexicanos Primero.

Lo apunté (quizá no con suficiente claridad) cuando reseñé la película De Panzazo hace seis años: en estos temas es fundamental seguir la pista del dinero. Para mí, cada vez es más claro que en la agenda de Mexicanos Primero está impulsar un modelo de escuela concertada para México, un modelo que permitiría al Estado poner la operación de centros originalmente públicos en manos de particulares. El modelo exacto que Claudio X. González busca todavía no lo tengo del todo claro, pero su gente cabildea esto desde hace tiempo en algunos sectores y en tiempos recientes con más fuerza. Por lo pronto, el informe más reciente de Mexicanos Primero -publicado a inicios de 2018 y titulado La Escuela que queremos (sí, me queda claro que es la escuela que literalmente quieren para ellos)- les ha servido como diagnóstico para demostrar lo que todos sabemos: en materia educativa el Estado está rebasado.

Ante un sistema educativo absolutamente rebasado como es el mexicano, sin duda un modelo de escuela concertada podría traer grandes beneficios sociales. Pero en una estructura grotescamente corrupta como la que medio sostiene a nuestras instituciones, esa transición es muy peligrosa. Son millones y millones de pesos los que puede significar este “negocio” para una organización que se embolse la “concesión” de unas cuantas escuelas. Cierto que hoy muchas escuelas de sostenimiento particular -no todas, por supuesto- ya lucran más allá de lo legítimo con la educación. Pero el dinero que se mueve ahí es completamente privado. En un modelo de escuela concertada hablamos de dinero público, el asunto es claramente distinto.Sin un modelo que garantice absoluta transparencia en la gestión de escuelas concertadas, estaríamos a las puertas de una nueva “estafa maestra”.

Remato dejando una liga a lo que escribí en septiembre de 2013 cuando se ponía en marcha la dichosa “reforma”. Han pasado unos años; el escenario no es muy distinto y mis conclusiones siguen en la misma línea: seguimos sin apostar en serio a la formación de maestras y maestros, seguimos atorados creyendo que los exámenes representan los “logros” y aprendizajes de los estudiantes y seguimos sin cambiar las anquilosadas estructuras burocráticas que nos atan al pasado. No todas las reflexiones de Mexicanos Primero son malas y muchas podrían ayudarnos a cambiar las cosas, pero la solución no está en entregarles a ellos la educación de este país. Más lejos todavía: parece la solución auténtica no pasa ni siquiera por las aulas, pues gane quien gane seguirá usando el sistema educativo como botín y rehén. Pienso que la revolución educativa que necesitamos tendrá que venir desde afuera, desde los márgenes.

Por lo pronto, desde esos márgenes convendría desmontar el ridículo mensaje con el que insisten en decirnos lo que debemos pensar y sentir de cara a esta elección. Elige lo que quieras, pero elige tú.

PD. Muchos califican y calificarán de absurdo mi dicho. Ojalá me equivoque, pero por si acaso, guardemos este texto y su fecha. Espero que si es necesario desempolvarlo más adelante, sea para reconocer que me equivoqué.

lunes, 31 de julio de 2017

Tríptico italiano

Ya que ando en esto de recuperar este espacio, comparto con usted –amable y querido lector, lectora– tres imágenes que tenía guardadas desde hace unos meses, mismas que fueron captadas en una escapada a tierras italianas y esperaban el momento oportuno para salir a la luz.

Esta primera la he titulado "Maternidad" o "No le ande usted levantando la mano a su niño". Fue captada en una plaza de la hermosa ciudad de Venecia.



La imagen que sigue no requiere muchas explicaciones. Le he dado el redundante nombre de "Siga usted las sagradas indicaciones". Fue tomada en la Galleria dell'Accademia, en Florencia.



Finalmente, cierro esta trilogía ligando ambos temas: maternidad y misticismo religioso. No sé cómo llamar a esto. Seguro antes de que arda yo en el infierno vendrá alguien a sacarme de la duda sobre el significado de esta escena. Mientras tanto, la he bautizado "–Aquí le traigo unas palomas como sacrificio. –Y yo le traigo a este niño que cada día da más lata." (No estoy seguro, pero creo haberla tomado en la Galleria degli Uffizi, en Florencia.



Sí, yo sé que estas cosas ahora se comparten en redes sociales, pero ando retro, ¿cómo ven?

lunes, 24 de julio de 2017

El affaire Escalante II: más aprendizajes

¿Por qué no está la ingenuidad en la lista de los pecados capitales, siendo causante de tantos males no solo en quien la padece sino también en quienes le rodean? Supongo que el problema con la ingenuidad es que el sujeto que la encarna difícilmente se da cuenta de ello. (Aunque, si lo pienso dos veces, me parece que ese mecanismo de negación funciona con cualquier otro vicio.)

No sé bien cómo acabé tan enredado en la controversia en torno a la crisis que atraviesa el Forum Cultural Guanajuato. Supongo que me condujo a ello mi amor por las artes, mi pasión –como espectador, no más– por la música y en años recientes por la ópera. El Teatro del Bicentenario se convirtió en mi oasis personal a tal grado que quizá verlo en peligro me hizo cegarme por un momento y caer.

No tengo claro dónde, pero hoy pienso que caí. Y caímos muchos, motivados por un auténtico deseo de encontrar continuidad en un proyecto tan importante como ha sido el Forum Cultural Guanjuato con su Teatro del Bicentenario. (A eso, sumemos seguramente nuestra posmoderna necesidad de un poco de fama, ya no medida en minutos, sino en menciones y tendencias en redes sociales.)

Soy ingenuo, quizá, pero nunca he sido complaciente. Testimonio de ello, me parece, son algunas de las reseñas que he logrado documentar en estos años como espectador del Bicentenario. En ellas comparto, por ejemplo, mi convicción de que Violeta Dávalos ha sido sobrevalorada y programada con innecesaria frecuencia; mi apreciación de que el Ramón Vargas que hemos tenido en León es acaso la sombra del Vargas que fue y que nos siguen vendiendo pese a todo; mis observaciones sobre tropiezos y excesos en diferentes aspectos de las diversas producciones que hemos visto nacer en nuestro teatro. Y eso por referirme solo a lo escrito, que representa una pequeña parte de lo que siempre quisiera contar y dejar registrado.

Digo lo anterior para dejar claro que nunca he creído que un funcionario o gestor cultural sea la respuesta salvífica para nuestras artes. ¿Por qué entonces he dicho tanto sobre la salida de Escalante? El asunto me inquietó primero por la incertidumbre que generaba en un ámbito que considero valioso; me lastimó después por la desagradable suciedad con que se terminó concretando; me entristeció finalmente, sobre todo, por las reacciones e impacto que vi en quienes desde nuestra ingenua ignorancia vimos de pronto a nuestros refugios culturales envueltos en una trama digna de musicalizarse y llevarse a escena. (Vale, exagero en esto último, se requeriría mucho genio para lograr una buena obra con una trama tan burda.)

A la grosera ventilada que armaron los consejeros del Forum y su director general, siguieron las reacciones de un coctel de artistas y público que pronto empezó a dejar colar visiones y rencores de diversa índole: antecedentes políticos, grillas del gremio cultural y la mezcla de ambos terrenos han venido a aprovechar la preocupación de quienes solo deseamos conservar un recinto no solo digno sino de clase mundial en el terreno de las artes escénicas.

Muchos nombres han ido apareciendo en el panorama. Muchos vimos en la reciente cercanía de Arturo Joel Padilla con Gerardo Kleinburg una señal de que ahí podía estarse gestando el relevo de Escalante. (Por lo pronto, queda como coordinador del teatro para asegurar que la producción en curso, Carmen, llegue a feliz término). Ahí han estado también la presencia de Sergio Vela en la defensa de Escalante y el discreto perfil asumido por José Areán, concentrado en la dirección musical del montaje inmediato del Bicentenario. También ha llamado mi atención el papel que ha jugado Anne Delécole en la gestión de las iniciativas digitales en defensa de Alonso.

Hasta hace poco, para mí todos los nombres citados en el párrafo anterior eran referentes aislados. Encontraba, sí, algunas conexiones como espectador. Kleinburg y Areán, por ejemplo, conducen el programa Escenarios de Canal 22, donde se han proyectado algunas de las óperas producidas en León, en alguna ocasión incluso con la presencia de Alonso Escalante en el estudio. A Sergio Vela lo identifico como presentador de óperas en Opus 94, estación de radio del IMER, además de reconocer su labor como director de producciones de ópera (la más reciente, por cierto, dirigida para el Bicentenario hace un par de años y transmitida hace no mucho en el citado programa del 22).

Lo divertido es que revisando sus trayectorias, encontraremos otro importante elemento común: todos ellos (Vela, Escalante, Kleinburg, Areán y, sí, también Delécole) han sido funcionarios públicos ligados a la cultura con cargos de alto nivel, siempre conectados entre ellos de alguna u otra manera. Personalmente, debo decir que a todos les he admirado en algún momento. Ignoro si entre ellos las cosas marchen bien o si los años han traído rivalidades y rupturas, pero lo cierto es que en algún momento, como funcionarios, todos han estado metidos en controversias y han sido víctimas de acusaciones delicadas. Una sencilla búsqueda de estos nombres en internet deja claro que algunas historias se repiten como malos melodramas, dejando claro que esa es una faceta aparentemente ineludible de nuestra desastrosa política nacional. Quizá muchos lo han sabido siempre, pero yo reconozco que desde mi ingenuidad desconocía que todos estos nombres estuvieran envueltos a tal grado en semejantes marañas.

Sigo creyendo en lo que escribí hace unos días: el momento es ideal para pensar en un verdadero proyecto cultural, más allá de politiquerías e intereses personales. Esta ciudad ya ha perdido mucho. "No queremos que el Bicentenario se convierta en otro Teatro Doblado", repetimos muchos con justo temor. Celebramos iniciativas valiosas pero las seguimos considerando aisladas, coyunturales. Necesitamos un proyecto a largo plazo y de altas miras.

Sí, quizá la ingenuidad me invade de nuevo, pero así es uno, qué le vamos a hacer. Espero despertar en mi interior cierto grado de malicia para ayudar a que mis ingenuos anhelos se materialicen.

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P.D. Algo debe agradecer mi yo egoísta a esta "crisis" cultural: me ha regresado la necesidad de escribir en estos espacios.

viernes, 21 de julio de 2017

El affaire Escalante: efectos y aprendizajes

En menos de diez días hemos sido testigos y cronistas de una historia de pugnas llena de luces y sombras; una historia que se precipitó de una forma inusual, haciendo difícil narrarla con claridad. Hoy, ya consumada la separación de Alonso Escalante de la Dirección del Teatro del Bicentenario, propongo detenernos a reflexionar sobre tres efectos importantes de esta destitución.

El primero es la descarada y lamentable manera en que quedó exhibida públicamente la crisis que atraviesa el Fórum Cultural Guanajuato, institución que apenas hace unos meses celebró su primer década de vida y que hoy vive una evidente crisis no solo en su interior, sino en la relación con su público. Los testimonios de algunos protagonistas dejan ver que las diferencias dentro del organismo no son cosa nueva, y en cierto modo a nadie sorprende que existan rencillas, envidias y conflictos de poder al interior de un organismo público dedicado a la promoción de las artes. Sin embargo, como usuario fiel de los diferentes servicios del Fórum a lo largo de los 8 años que tengo viviendo en León, confieso que la ruptura que hoy es evidente para tantos había pasado desapercibida para el grueso de la población que frecuenta los diversos espacios del recinto cultural.

Somos muchos los que acudimos con regularidad al Museo de Arte e Historia de Guanajuato, a las funciones y transmisiones del Auditorio Mateo Herrera, a los espectáculos de los jardines del Fórum y la Calzada de las Artes, a las actividades que se realizan en la Biblioteca y, por supuesto, a las funciones de primer nivel que ofrece el Teatro del Bicentenario. Fuera del círculo rojo de las artes, los usuarios habituales del Fórum no solemos hacer distinción entre los espléndidos espacios que lo conforman; podemos juzgar mejor una propuesta concreta que otra, podemos hablar de mejores temporadas en un mismo recinto, podemos echar de menos ciertas iniciativas que no han tenido continuidad, pero al final valoramos inmensamente lo que el Fórum Cultural ha aportado a la vida de nuestra ciudad a lo largo de una década.

Por eso este primer efecto de la salida de Escalante es tan doloroso. Más allá de lo mucho que Alonso aportó, me inquietan las lesiones que su despido produce en un público que ahora se vive con sentimientos encontrados cuando observa la forma en que el Director General del Fórum y sus consejeros se expresan de alguien que ha contribuido de forma invaluable con el proyecto a través del Teatro. Los cuatro actos que conformaron la narrativa del despido constituyen una mala tragedia con tintes de melodrama latinoamericano: primer acto, un escueto comunicado firmado por el Fórum anuncia la el cierre del ciclo de Escalante agradeciendo sus aportaciones y anticipando que se le ofrecerá un reconocimiento por su labor; segundo acto, Arturo Joel Padilla -director general del Fórum- lanza en entrevista con un periódico los primeros señalamientos en contra de Escalante (soberbia, oscuridad, protagonismo); tercer acto, los consejeros complementan las acusaciones en un desplegado (sin firmas pero sí con logotipo de Gobierno del Estado) agregando elementos difamatorios, sin argumentos y en un tono cercano al berrinche aparentemente provocado por la reacción -que nunca anticiparon- de una ciudadanía indignada con la separación de Escalante; cuarto acto, mediante notario público se adelantan los tiempos previstos y se informa al director del Teatro de su separación inmediata con nuevas acusaciones que más allá de su cuestionable validez, contradicen lo expuesto en los actos previos.

El segundo efecto que tenemos justamente es la reacción no solo de miembros de la comunidad artística (local, nacional e internacional) sino también de un grupo de ciudadanos que nos sentimos vulnerados con lo sucedido. Encontramos un público dispuesto a alzar la voz, un público que se ha apropiado en el mejor sentido de sus espacios culturales y los ve hoy en peligro. Más allá de si su sentir es justificado o no, la muestra de que esa audiencia existe es muy valiosa. Para muchos de nosotros ha resultado inesperada la reacción de ciudadanos dispuestos a movilizarse para defender la continuidad de un proyecto cultural que consideran valioso. Muchos de ellos se han ido formando gracias a los esfuerzos y estrategias de difusión impulsadas por el Teatro y adoptadas poco a poco por otros espacios del Fórum; son ciudadanos que han ido aprendiendo y descubriendo sobre música, sobre teatro, sobre danza, sobre ópera; ciudadanos no solo agradecidos por lo que han crecido, sino orgullosos de saber que su Teatro está valorado por artistas de primerísimo nivel como uno de los más importantes de América Latina.

La controversia entre defensores de Escalante y los operadores de su salida, ha traído un tercer efecto que me parece central y que, lamentablemente, se ha discutido poco. La crisis del Fórum en su relación con el Teatro deja en evidencia la ausencia de un proyecto cultural integral por parte del Estado de Guanajuato y el Municipio de León. El trabajo de Escalante y su equipo no era perfecto, por supuesto; como toda empresa humana era perfectible, tenía ángulos cuestionables pero estaba dando, sin duda, resultados tangibles que han sido ya señalados por muchos pero conviene tener en mente: la programación de actos nacionales e internacionales de primer nivel, la generación de producciones propias de ópera a gran escala con resultados muy superiores a sus equivalentes en el resto del país y la formación de públicos en una región con poca historia en la materia.

Entre las acusaciones que he escuchado de los detractores de Escalante destacan tres: consideran que dirigía un teatro "subutilizado", "elitista" y sin apoyo a nuevos talentos locales. Solo la ignorancia de lo que significa gestionar un recinto de esa naturaleza puede ayudar a defender la idea del Bicentenario como un "elefante blanco" o un espacio "subutilizado". Si se revisan los números y se analizan en relación con el costo de proyectos de la misma índole, se verá que Escalante hizo milagros considerando los recursos financieros destinados al recinto por el Gobierno del Estado de Guanajuato. Uno quisiera ver, por supuesto, una programación más nutrida, pero eso implica recursos y esa es una de las controversias que hoy sabemos han estado en juego. El asunto del "elitismo" se suele acusar en dos líneas: por el contenido de la programación y por el precio de sus espectáculos. Lo segundo es ridículo si tomamos los precios de las entradas (precios que, cabe decir, se definen por un tabulador interno con criterios completamente objetivos) y los comparamos con el precio de los boletos que cobran las productoras que arrendan el Teatro Manuel Doblado o los precios de los partidos de "la Fiera" en el "Nou Camp". La acusación de elitismo pasa también por alto iniciativas como Ópera Picnic, las celebraciones del Día Internacional de la Danza o las presentaciones de las orquestas infantiles y juveniles de la región.

La otra dimensión del "elitismo" (vinculado al tipo de actividades) se liga con la acusación de no impulsar jóvenes talentos locales. Aquí es donde a mi juicio queda en evidencia la falta absoluta de un proyecto cultural integral para la región. ¿Es esa la vocación del Teatro del Bicentenario? ¿Debería el Bicentenario orientar sus recursos a ese fin? ¿Eso contribuiría a su supervivencia, permitiría su mantenimiento y continuidad? ¿Cuál sería entonces el papel del Instituto Cultural de León? ¿Cómo deberían articularse los esfuerzos estatales del Fórum (y sus diferentes recintos) con la política local del ICL? ¿Qué papel juegan los empresarios privados que quisieran invertir en las artes, qué incentivos podrían generarse para ellos?

Cierto que en León se gestan poco a poco iniciativas ligadas a las artes escénicas, pero son aún muy incipientes. (Para muestra, justamente los resultados cada año de la convocatoria que hace el Teatro del Bicentenario con motivo del Día Internacional de la Danza, o los resultados de las convocatorias que en esta materia publica cada año la FeNaL. En ambos casos, las "academias" privadas terminan dominando los programas con entusiastas y valiosos esfuerzos pero con pocas aportaciones creativas). Muchas de esas iniciativas surgen y operan al margen de las instituciones públicas que están completamente rebasadas en ese renglón. Imaginemos por un momento que la vocación del Bicentenario estuviera en el apoyo a nuevos creadores a través, por ejemplo, del uso del Teatro Estudio. ¿Con qué presupuesto, con qué recursos financieros? ¿O acaso se busca un modelo basado en el arrendamiento, como el que "sustenta" hoy al Teatro Manuel Doblado? Basta una mirada a la desastrosa vida del Doblado durante los años recientes para comprender que lejos de "fortalecer" al recinto, una gestión de esa naturaleza solo ha
sumido a nuestro teatro histórico en un abandono cada vez más doloroso.

De acuerdo con el Sistema de Información Cultural, hoy la ciudad de León tiene seis teatros. En realidad solo 4 de los recintos que aparecen en ese censo pueden ser considerados como tales. Además del Teatro del Bicentenario, están los dos que opera el Instituto Cultural de León -el citado Manuel Doblado y el Teatro María Grever, inaugurado en 2000- y el Teatro Ignacio García Téllez que administra el IMSS y que lleva años siendo sede para festivales y actividades escolares. ¿Por qué cuando una obra de teatro "comercial" viene a León se presenta en el Manuel Doblado? ¡Porque no hay alternativas! Está claro que el teatro no es negocio sencillo en esta ciudad. ¿Qué incentivo tendría hoy un particular más allá del amor al arte para invertir en esta materia? Así, el Doblado, con toda su heroica historia a cuestas, hoy malvive igual recibiendo un show de albures que una franquicia basada en una serie animada para niños. 

La vida cultural de León está en ciernes y en ese contexto la apuesta del Teatro del Bicentenario ha sido innegablemente ambiciosa. Pero lo grato es que está dando resultados. ¿Por qué no tomar lo valioso de ese modelo y usarlo para mejorar no solo la gestión del recinto sino para trazar un proyecto cultural de largo plazo para la región? Es obligación del Consejo Directivo del Fórum diseñar un proyecto cultural integral, transparente y articulado con el Instituto Cultural de León, más allá de motivos particulares y ambiciones políticas. Y es obligación de los ciudadanos vigilar ese proyecto, someterlo a una evaluación crítica, pedir cuentas a los consejeros e incluso exigir en caso necesario la revisión del marco jurídico que lo sustenta.

Quien llegue a la dirección del Teatro del Bicentenario enfrentará un contexto adverso, fracturado. Si el recinto queda en manos de una dirección "a modo", mucho queda en riesgo. (Algunos creemos que lo más sano para el Fórum sería que se destituyera también a su actual director, a fin de asegurar que el organismo y su público no sean rehenes de intereses personales.) A un año de la renovación del gobierno estatal y municipal, sería una formidable noticia que el proyecto cultural estuviera en la agenda de los temas prioritarios. Se corre, por supuesto, el riesgo de llenar el asunto de "politiquería", pero se juega la apuesta de incluir a la cultura como un eje vertebral en la reconstrucción del tejido social, en la revisión profunda de nuestra identidad local en el contexto global y en el impulso de las artes como factor crucial para la construcción de una ciudadanía crítica.

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N.B. La vida cultural de una ciudad no se construye solo en los teatros, por supuesto. Me he centrado en ello por el acontecimiento que ha dado pie a la controversia del Bicentenario, pero hay mucho más por revisar, así como hay importantes iniciativas que deben replicarse. Tal es el caso de los Consejos Culturales Comunitarios que promueve el ICL. El asunto, nuevamente, es tomar estas iniciativas exitosas para construir una auténtica política cultural integral y de largo plazo en favor de la sociedad.

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P.D. Han pasado varios días desde que escribí esto. Por mucho mi texto más leído en años (o al menos más visto). Y ahora lanzo uno nuevo, que quizá no gustará tanto a algunos y será menos reproducido. Pero me parece justo compartirlo: El affaire Escalante Parte II.)


Foto tomada de la página web del Teatro del Bicentenario

sábado, 15 de julio de 2017

Si Alonso se queda (y si no también)...

Ningún cargo tendría que ser para siempre, lo creo firmemente, especialmente cuando hablamos de cargos de altas responsabilidades y con jerarquías superiores. Pero esta creencia no resuelve cómo han de estructurarse y reglamentarse los relevos ni es suficiente para definir los criterios que han de ayudar a decidir cuándo es momento de cerrar un ciclo.

En cualquier sector (privado, público, social) un cargo vitalicio puede ser muy peligroso. Quizá el problema no es tanto de tiempo sino de argumentos. Una normativa adecuada suele ser el camino para articular ambas dimensiones. Pensemos en la reelección en los cargos públicos que se definen por votación popular: en México nos han enseñado que el simple hecho de pensar en la reeleción es pecado mortal, pero muchas sociedades nos muestran que en condiciones adecuadas puede ser un buen mecanismo de rendición de cuentas.

Este embrollo viene a cuento hoy que muchos ciudadanos en León, Guanajuato, nos sentimos agraviados ante el reciente anuncio de la próxima salida de Alonso Escalante de la Dirección General del Teatro del Bicentenario, una salida de la cual hasta ahora no se ha dado explicación oficial.

Desconozco los estatutos del Forum Cultural Guanajuato. Por lo que he podido encontrar, en ellos no se definen con suficiente claridad los mecanismos de nombramiento y remoción de los titulares de Dirección General del Teatro del Bicentenario y del Museo de Arte e Historia de Guanajuato. (Si estoy equivocado, agradeceré a quien cuente con esa información nos apoye aportando la misma y su fuente en los comentarios de esta entrada.)

Lo anterior hace inevitable que colaboradores, artistas y público del Teatro, que hemos ido conformando una auténtica familia cultural, nos indignemos ante el anuncio de un "acuerdo" que no explica razones, que no ofrece argumentos y que hace temer por la continuidad de un proyecto cultural que a todas luces ha sido exitoso y ha marcado un referente a nivel nacional. La misma reacción de la comunidad artística y de muchísimos ciudadanos que han adoptado al Teatro y al Forum como espacios públicos propios, muestra que el trabajo realizado por Escalante ha logrado crear en León un tejido de inmenso valor en torno a las artes escénicas.

En redes sociales el hashtag #AlonsoSeQueda ha sido el eje del desahogo de muchos artistas y personajes destacados de la vida cultural en México y el mundo. (Esta nota del periódico a.m. muestra claramente el alcance de las reacciones.)

No soy ingenuo. Para nadie es secreto que en el mundo del arte, como en cualquier ámbito, existen envidias, rencillas, divisiones, confrontaciones. A falta de explicaciones, la versión dominante sigue siendo que la salida de Escalante responde a ese tipo de diferencias. Lo inexplicable (lo sorprendente, lo doloroso) es que la medida se tome cuando el proyecto del Teatro ha dado resultados positivos.

Ignoro si la movilización ciudadana en medios digitales ayudará a que el Consejo Directivo del Forum se retracte. A estas alturas estoy seguro que Alonso tendrá varias ofertas laborales de gran calado, las cuales -suponiendo que le dejaran en su sitio- tendría que contrastar con la idea de quedarse al servicio de un Consejo que le ha dado la espalda (salvo que se integrara un nuevo Consejo, lo cual tampoco se ve en el horizonte cercano). La disyuntiva y los tiempos por venir no serían fáciles.

La misma tarde en que los consejeros del Forum "acordaban" con Alonso su salida, yo participaba en un Seminario sobre Ciudades Educadoras y Gobernanza Local, organizado por la Dirección General de Educación Municipal con la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras. En la conferencia de Joan Manuel del Pozo se explicaba la idea de gobernanza como una forma de gobierno que no deja todo a los funcionarios electos, sino que involucra activamente a la ciudadanía; en un taller para representantes de la sociedad civil, Angélica Sátiro creó las condiciones para que los que ahí estábamos nos diéramos cuenta de la importancia de generar ideas y comprometernos con la participación ciudadana. Paradójicamente, el Seminario se celebraba en el Museo de Arte e Historia de Guanajuato, recinto que forma parte del mismo organismo que a través de un grupo de consejeros supuestamente ciudadanos daba la espalda a la propia ciudadanía.

Si por las razones que sea resulta al final que Alonso no se queda, los ciudadanos debemos exigir al menos dos cosas. Primero, que se ofrezca una argumentación clara, transparente. Y, segundo, más allá de los intereses personales y de grupo que puedan estar en juego, tenemos la obligación de exigir la y contribuir con la continuidad de un proyecto cultural y artístico de primer nivel, que siga formando audiencias y que fortalezca la cohesión social a través de las expresiones artísticas. 


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Actualización. Minutos después de publicar esta entrada leo la explicación de Joel Arturo Padilla Córdova al a.m. sobre salida de Escalante. Mi única pregunta es, ¿encontrarán a alguien menos soberbio capaz de dar mejores resultados? Mi "sospechosismo" me lleva a pensar ya en nombres de funcionarios y gestores culturales que han estado en tiempos recientes muy cerca de Padilla Córdova. Yo solo espero que el Teatro y su público no quedemos como rehenes de la grilla político-cultural como sucede en el resto del país.

Foto tomada del periódico a.m.