jueves, 12 de noviembre de 2009

Cordura

La semana ha sido terrible. Lo digo claro y con todas sus letras, sin ganas de hacerle al mártir. Simplemente ha sido una de esas semanas donde no doy una.

Debo corregir. Tres días de la semana han sido terribles. Del martes a hoy, jueves. El lunes fue como de otro mundo, así de contundente. Y aunque el viernes no pinta sencillo, tengo esperanza en que será un mejor día que hoy. Y con eso será suficiente.

Será cansado, de eso no tengo duda. Pero será preámbulo de un fin de semana que ya necesito con urgencia. Para encontrarle una punta a esta extraña madeja en que se ha convertido el mundo.

Hace unos días anotaba en algún sitio: "He dudado tanto últimamente de mi cordura". Venía después una disertación conmigo mismo sobre el problema de la realidad, que a últimas fechas se me ha convertido en una obsesión.

Distinguir las fronteras entre lo que es real y lo que no me parece cada vez más complicado. "Sueño y vigilia se alternan con insoportable insistencia, disolviéndose la línea —si es que la hay— que representa el límite entre un mundo y otro." Eso escribía hace sólo unas noches, siendo absolutamente impreciso pero dejando huella de mi absoluta confusión.

Lo cierto es que sueño y vigilia aparecen como símbolo de mundos más complejos que han comenzado a alternarse y en lo que mis diversas facetas han comenzado a convivir desprendiéndose con cinismo unas de otras. El asunto se extiende entonces no sólo a la realidad, sino al problema de la identidad, que me ha perseguido desde hace tiempo.

Cierto que siempre hemos sido muchos aquí dentro. Pero solíamos ser más cautos, más ordenados. Más cuidadosos unos de otros. De pronto algunos han comenzado a asumirse con inusual independencia, mientras otros insisten en seguir los patrones que la costumbre o la presión social impone en sus agendas. Todo bien, mientras sus rutas no se vuelvan abierta y trágicamente incompatibles.

¡Cómo no dudar de mi cordura! ¡Leo lo que vengo escribiendo aquí mismo y me parece tan insensato!

Debería estar preparando algunas cosas para el trabajo y clases para el sábado. Y aquí estoy, divagando. Cierro el cuaderno por un rato. Ya regresaré el fin de semana a dar cuenta de mis saldos pendientes.

Al pie. Mientras escribía esta entrada recordé otra publicada desde Barcelona, en los días previos a mi regreso hace un año. Sí. Hace casi un año exactamente escribí algo sobre estas identidades en conflicto y edité un video que era casi homenaje a la vanidad pero que ilustraba en cierto modo algo que en estos días ha resucitado poderosamente. Aquí ese apunte del 18 de noviembre 2008.

3 comentarios:

Jacka [Killer Queen] dijo...

Mi querido Ernesto,

Te leo y me voy identificando con tus letras, como suele sucederme. Sólo que esta vez, me identifico porque recuerdo haber caminado hace tiempo por un sendero similar.

No temas, no te cuestiones tanto. Déjate fluir.

La vida te ha llevado hasta aquí porque sabe que puedes enfrentar esto, que llegó tu momento de bajar a los sótanos de tu conciencia, estrecharle la mano a tus demonios, sentarte a platicar con ellos, invitarles una copa y una vez que sean amigos, puedes subir al penthouse de tu psique y hacer un recuento de todos los que te habitan. Dejarlos que se presenten, que (incluso) den un pequeño discurso, que se vistan con sus prendas favoritas.

Luego puedes acostarte y permitir que todos se vuelvan a fundir en ti con absoluta armonía.

No temas, puedes entrar a la madriguera, no dejaremos que desaparezcas.

"Quien nunca se ha perdido es porque aún no se ha encontrado". MdMCA.

¡Abrazos!

Anónimo dijo...

y ahora si te leo cuerdo y verdadero!!!

Ernesto PC dijo...

Querría responder ambos comentarios con tantas cosas. Pero ya se ve, me siguen faltando las palabras.

Hay una que pese al desgaste no pierde vigor. Gracias.

:)