miércoles, 4 de enero de 2012

Recuperar las palabras

En esa simple idea se resume mi gran propósito para el año que recién inicia. Sí, yo sé que detrás de la lógica de los propósitos operan principios macabros y que formularlos resulta uno de los clichés más repugnantes. Sé que esa enfadosa tradición de iniciar un ciclo enunciando buenas intenciones –generalmente ambiguas y poco asociadas a acciones o planes concretos– tarda acaso unos días en diluirse con las rutinas y las inercias para las cuales siempre estamos llenos de justificaciones. A sabiendas de ello, consciente de los peligros, hoy me propongo para estos 365 días esa gran tarea. Recuperar las palabras. No es, por supuesto, lo único que haré. Muchas cosas pretendo para esta vuelta al Sol. Pero en esa frase se resume con cierta claridad –para mí, por supuesto– lo que más espero de mí mismo, lo que me exijo, lo que necesito.

Recuperar las palabras. Debería decir quizás mis palabras. No es mi intencion juntar palabras vacías, recolectar vocablos abandonados por otros, dar sentido a los balbuceos de terceros. No. Recuperar mis palabras significa encontrar de vuelta mi voz, darle espacios para fluir, permitirme una lectura del mundo que dé sentido –al menos un mínimo sentido– al caótico mundo donde soy. Puede sonar ambiguo, cierto. Sin embargo, recuperar mis palabras tiene muchas aplicaciones concretas en mi mundo.

Recuperar las palabras significa recuperar mis blogs, esas plataformas donde solía explorar públicamente mis reflexiones. Por supuesto, decir 'públicamente' es mucho decir, pues buena parte de esas exploraciones quedan intocadas en el bullicio de tanta verborragia virtual –de la cual, evidentemente, no excluyo mis propias ocurrencias–. Pero el simple hecho de estar disponibles para cualquiera, les otorga ese carácter que claramente las excluye del ámbito privado. En el terreno de los blogs, mi aspiración es publicar con cierta regularidad aquí –en este blog que ha sido el articulador de toda mi experiencia virtual–, en De-Formación Docente –donde exploro el terreno de la pedagogía–, en Tras Alicia –espacio que surgió con la idea de poner en duda eso que llamamos el 'sistema'–, en Palabras Liberadas –el territorio de mis ficciones y experimentos con ingenuas pretensiones literarias– y en Lectores Revolucionarios –proyecto que intento sea un esfuerzo colectivo para la divulgación de la experiencia de la lectura–. Mientras vaya retomando cada trinchera, iré compartiendo el modo en que espero reconquistar esos territorios.

Recuperar las palabras significa recuperar cierto ritmo en mis diarios personales. Durante dos décadas he llevado cierto registro de mi andar por el mundo en un sinfín de libretas que dan fe de mi hacer y mi pensar. Más allá de su función catártica –función clave y siempre presente–, estos registros cotidianos adquieren un valor especial con el paso del tiempo, compensando las trágicas pero innegables debilidades de mi memoria.

Recuperar las palabras significa recuperar la escritura de la Tesis Doctoral, proyecto que se ha ido enmoheciendo con el correr de los meses, ante la mirada impasible de plumas y teclados que me ven pasar de largo cuando se trata de esta ambiciosa y ahora urgente tarea. 2012 siempre fue un límite autoimpuesto en esta materia, frontera que hoy se presenta inexorable. Algo he de hacer al respecto.

Recuperar las palabras significa ser cada día más cuidadoso con cada idea que sale de mi boca. Paradójicamente, significa callar más, de tal modo que pueda afirmarme responsable absoluto de cada palabra enunciada. Significa también no guardar nada que sienta necesidad de compartir, sin que ello implique en modo alguno decirlo todo. Recuperar estas palabras es simplemente cuidarlas.

Recuperar las palabras significa también recuperar las palabras de otros. Recuperar mis lecturas pendientes que no son pocas. Leer más y leer mejor, no por que esté obligado a ello, sino porque en esas palabras encuentro un alimento vital que he descuidado torpemente en los últimos años. Recuperar palabras de otros es a la vez escuchar más y mejor, consciente de que rara vez uno percibe plenamente lo que el otro buscaba transmitir. De nuevo, un recuperar en el terreno de la responsabilidad frente al otro.

En fin, seguro que recuperar las palabras es muchas otras cosas que ya iré comprendiendo con el transcurso de los días. La misión me entusiasma, sobre todo porque en medio de esta recuperación verbal, una de mis mayores tareas es conservar todo lo iletrado que hay en mí, todo lo no-verbal que soy y que más me vale seguir siendo. Recuperar las palabras no significa insertar la realidad en un cofre donde solo cierto código verbal le da sentido. No. Significa simplemente recuperar una parte de mí.