jueves, 19 de marzo de 2009

Diez años...

Cuando los lustros y las décadas se vuelven unidades frecuentes para referirse a lo que uno ha vivido, se tiene la certeza de estar realmente envejeciendo. Pero —a diferencia de lo que sugiere alguna canción ranchera— no lo digo como un lamento; lo afirmo con la satisfacción que representa crecer, hacerse viejo, acumular experiencias. 

Hace un decenio cursaba el último semestre de mi carrera. Y entre los recuerdos de aquel periodo, está imborrable la mañana en que supe de la muerte de Jaime Sabines. El amoroso Sabines. Hoy hace diez años de su partida. Pero el gran poeta chiapaneco, aunque sea un lugar común afirmarlo, vive a través de las palabras que compartió entonces y sigue compartiendo con quien tenga oídos para oírlo. 

Alguna vez desde Barcelona dediqué una entrada en el antiguo blog al maestro Sabines, incluyendo un puñado de textos leídos por él mismo en el Palacio de Bellas Artes. Entre ellos, mi preferido, que hoy transcribo aquí, como humilde homenaje y urgente recordatorio de este extraordinario hombre.
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Apunte. Y hablando de años y memorias... Ayer tuve oportunidad de comer y charlar largo y tendido con una amiga de hace muchos años. Nuestros cálculos arrojan que hace casi una década que no nos veíamos. Ayer hubo oportunidad de actualizarse y de recordar. Un encuentro de esos que dan pauta a seguir con lo que vengo llamando el "proceso de recuperación de mi pasado".

1 comentario:

María Iribarne dijo...

Sin duda, Sabines nos dejo enamorados de las letras, del alma, del amor.
Con esto, me queda la certeza de que definitivamente hay mil maneras de decir "Te quiero". Buen post!