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lunes, 23 de enero de 2012

Esos mundos donde no estamos solos

Mientras nos hablan por enésima ocasión de la inminente desaparición del libro de papel…, mientras productores y consumidores de letras migran a la “nube” en aras de conseguir la mayor disponibilidad de bibliografía en línea para ser descargada y leída en un sinfín de dispositivos…, mientras autores, casas editoriales y lectores trazan los nuevos rumbos de la industria y del viejo soporte para llevar hasta los más antiguos vestigios tangibles al terreno donde los únicos caracteres con sentido son 1 y 0…, mientras todo esto sucede, existimos algunos cuantos que anhelamos ir en la dirección contraria: transferir nuestros arrebatos lingüísticos del mundo digital a la condición mortal de lo palpable. Sí, mientras hordas de escritores, editores y lectores transfieren textos de lo material al mundo intangible de lo digital, algunos buscamos la ruta para el viaje opuesto y deseamos poner nuestros ingenuos juegos de letras en diálogo con la tinta y el papel.

Entre esos locos que viajan en sentido contrario está Amaya Marichal. Las primeras entradas en su blog, El Mundo según Amaya, están fechadas en agosto de 2004. Desde entonces, ha publicado ahí un sinnúmero de textos. Como buena apasionada de la palabra que ha crecido de la mano de los libros, Amaya anhelaba desde hace tiempo publicar un libro, siendo que de alguna manera llevaba ya mucho tiempo escribiéndolo y compartiendo con un creciente número de lectores. Pero, claro, convencido de compartir con Amaya un vínculo especial con ese objeto que hace más de cinco siglos hiciera posible el invento de Gutenberg, entiendo que esa gran obra no fuera considerada por su creadora como equivalente a un verdadero libro.

En estos días en que Amaya atraviesa uno de los momentos más dolorosos de su enfermedad, su amiga Miriam se apuntó para acompañarla en la aventura de llevar al papel ese mundo que a lo largo de más de 7 años se ha gestado en un blog.

Esta madrugada, gracias a los buenos oficios de la querida Liz, tuve en mis manos por primera vez El Mundo según Amaya. Como acostumbramos muchos nostálgicos con esos objetos, lo primero que hice fue sentirlo, palparlo, pasar sus hojas entre mis dedos. Abrí una página al azar y mis ojos se toparon con un texto que no tardó en arrancarme la primera de lo que sin duda serán muchas lágrimas. No fue una lágrima de dolor ni de tristeza. No. Fue acaso melancolía. Fue también alegría ante la certeza de que, como dice el título de ese texto en la página 140, “todos estamos conectados”.

Por la tarde me di un tiempo y fui a la versión en línea del mundo de Amaya, seguro de que en aquel octubre de 2008 en que el texto había sido publicado, más de uno habríamos escrito ahí alguna reacción. No me equivocaba: ahí estaban los comentarios de varios de los que en aquel año habíamos comenzado a formar una peculiar red que hoy sigue vigente, pese a las distancias y los abandonos de la mayoría de nuestros blogs. No me sorprendió encontrar que lo que pensé esta mañana ya estaba registrado ahí, hace más de tres años.

Hace unas semanas, a finales de 2011, Amaya expresaba en su cuenta de Twitter y en su blog algo acerca del sentido de necesitar un abrazo. En estos días, estoy seguro, Amaya está recibiendo muchos abrazos. Los recibe de quienes están cerca, pero también a través de comentarios en las redes sociales en las que tanto ha participado. Cada palabra que recibe es un abrazo que dice “no estás sola”.

Y a partir de este punto me permito hablarte a ti, Amaya. Porque mis palabras en particular quieren ser un abrazo que dice “gracias por lo que tu existencia ha dado al mundo”. Y cuando digo al mundo pienso en el mío, pero pienso también en los mundos que de alguna manera se ligan a mi pequeño entorno. Mundos de gente que jamás te ha visto y a través de terceros ha llegado a conocerte y seguirte incluso con mayor ahínco que yo mismo. Porque han encontrado en ti una manera de dar sentido a la existencia.

Es curioso, escribo como si yo sí te conociera en persona. Como si yo hubiese ya tenido la fortuna de escuchar tu voz o haberte dado uno de esos abrazos con los brazos verdaderos. Y no. Sin embargo, son ya cuatro años de conocerte. Cuatro años que de alguna manera nos hemos seguido la pista.  Hace un mes, en ocasión de mi cumpleaños, usaste aquella frase que nos permitió conocernos, aquella de “la obligación ciudadana de vivir en la indignación permanente”. Y de ahí pa’l real. Aquí estamos.

Leyendo el último capítulo de tu libro me doy cuenta que empecé a leerte en los mismos días en que recién aparecía aquella infame parálisis facial. Hacer un recuento de los hechos que han colmado tus días desde entonces no aporta mucho en este momento, seguro lo repasas con cierta frecuencia. Pero entre todo ello, hay un hecho que sin duda brilla con singular luz y se impone como el hecho que otorga nuevos significados a todo: la llegada de ese ‘goldito’ que tantos hemos aprendido a querer con un par de imágenes y unas cuantas palabras.

No pretendo, insisto, caer aquí en una crónica de acontecimientos, pero sí me gustaría que se leyera como un humilde relato de afectos. Afectos que se extienden en redes difícilmente imaginadas por cualquiera de los que hoy forman parte de ellas. Digo redes, pero quizá es una sola. Una red de amor en la que, como escribiste ese 22 de octubre de 2008, todos estamos conectados. Nos sabemos cerca. Nos sabemos juntos. Nos sabemos todo, menos solos.

*

Post Scriptum. Quizá este mundo del que hablo no tenga relación aparente con algunos lectores (aunque en sentido estricto la conexión existe a través de mí, claro). Pero estoy cierto que aún sin conocer Amaya y sin tener el menor interés en quién sea o cómo sea su mundo, todos tienen un mundo parecido al cual le han pedido carta de ciudadanía. Todos, estoy seguro, pertenecemos a alguna República ajena a la propia y hemos construido a través de nuestros afectos un mundo que nosotros sabemos propio y que compartimos con unos cuantos, pocos o muchos. Si mi tesis es correcta, comprenderán y disculparán que una vez más haya usado este medio para compartir algunas ideas a propósito del mundo según Amaya.

lunes, 17 de enero de 2011

Amaya

En septiembre del año pasado declaré que bajaba la cortina de este changarro. Pese a ello, desde entonces a la fecha he vuelto en un puñado de ocasiones por motivos especiales. Hoy es una más de esas ocasiones. Y lo hago con sentimientos muy revueltos.

Llegué al fascinante mundo de la blogósfera en diciembre de 2007, mientras vivía mi exilio temporal en Barcelona. Poco sabía yo de estas libretas virtuales que sirven tanto para alimentar el ego como para impulsar la más poderosa de las causas sociales. Mi primer experimento fue un espacio en LiveJournal a partir del nacimiento de mi primer sobrino. El ejercicio fue efímero pero poco después arranqué con Ernesto en Barcelona y de ahí derivaron un par de experimentos más (Tras Alicia y De-Formación Docente, los cuales tengo tristemente abandonados desde hace casi un año).

Mientras buscaba la identidad de mi espacio, en enero de 2008, empecé a dar con algunos blogs que me ayudaban a establecer mis primeros diálogos auténticamente digitales. Algunos pronto me atraparon. Uno en particular me cautivó. Googooleando un conocido discurso de Denise Dresser, el buscador me arrojó a la entrada de un blog donde una chica destacaba algunas ideas clave del discurso que yo estaba buscando. El sitio en cuestión era El mundo según Amaya. En los días siguientes fui devorando sus locuras y sus reflexiones, identificando muchas coincidencias y una que otra disonancia provocadora. Me encantó la forma en que esta mujer podía hablar de cuestiones sociales o asuntos internacionales de primeras planas para después pasar a los temas más cotidianos y triviales en apariencia.

Con el tiempo, toparme con ese blog haría que mi vida en cierto modo fuese otra. Descubrir el mundo de Amaya fue una de esas pequeñas cosas que terminan por transformar lo impensable. A partir de Amaya mi red de interacción con otros blogueros (y tiempo después tuiteros) comenzó a extenderse hasta alcanzar a personas bellísimas que hoy son fundamentales en mi vida.

Quienes son o fueron blogueros en algún momento de su vida, comprenderán de qué hablo cuando afirmo que a través de esos rincones virtuales uno llega a establecer lazos inimaginables. Llega un día en que de tanto leer a ciertas personas, descubres que les conoces más que a muchas personas con las que interactúas cotidianamente. Así me sucedió con Amaya en su blog y después cuando se animó a incursionar en Twitter.

Por eso cuando empezó a relatar su ires y venires a partir de una inexplicable parálisis facial y el posterior anuncio del cáncer echándole pleito, sentí como muchos otros que podía acompañarla en esos días difíciles, ofrecerle algún hombro hecho de bits o simplemente dejarle saber lo obvio: que no estaba sola. Con la misma intensidad que uno intenta aún hoy acompañarla en los días grises, uno se emociona y encuentra fuerzas en las constantes manifestaciones de entereza y pasión por la vida que Amaya demuestra día con día. Por eso —como muchos sin duda— me emocioné cuando nos contó la forma en que superaba esa primera etapa del cáncer y más todavía cuando anunció su embarazo o cuando el pequeño Aleks Jr. vio la luz por primera vez. Y, de nuevo con la misma profundidad, sentí removerse el alma cuando poco después, el cáncer decidió que quería una revancha. Una revancha que con toda la racionalidad y el corazón del mundo hoy Amaya enfrenta... sabiendo, claro, que no está sola.

Hoy leo con entusiasmo la forma en que blogueros y tuiteros empiezan a organizarse para ayudar a Amaya en una auténtica cruzada. Y pienso muchas cosas. Amaya no merece menos que un poderoso activismo en esas redes en las que nos ha dado tanto. Gente bellísima ya se moviliza para juntar recursos que ayuden a nuestra querida Amaya a vencer en forma definitiva. Y así será.

Los que andan en Twitter, pueden seguir a @PorAmaya para encontrar alguna forma de ayudarle. Si por alguna razón no está a su alcance alguna de esas posibilidades, les invito al menos a leer su blog y, si les nace después de ello, difundir este ejercicio de solidaridad con una mujer que merece eso y mucho más.

PD. Sé que me he extendido, pero quiero permitirme una postdata. Leyendo algunos de los tantos posts de Amaya y estando yo en mis días de crisis ante el mundo que tenemos, volví al texto de Denise Dresser que alguna vez nos hizo coincidir. Amaya cita como su frase favorita de ese discurso una que yo también elijo como la mejor de ese poderoso discurso: "Yo creo en la obligación ciudadana de vivir en la indignación permanente". A partir de esa frase quise hace un par de años iniciar un espacio donde pudiéramos movilizar ideas todos los indignados que queremos hacer de este un mundo mejor. Mi intención, derrotada por mi desidia, nunca prosperó. Sin embargo, mi indignación no ha muerto. Y quizá en este año que me he propuesto tanto conmigo mismo, debería recuperar la idea. No. No quizá. Lo haré.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Rendez-Vous

Hace 6 meses mi amigo JuanPa inició un proyecto de colaboración en torno a la música.
Desde el primer momento, tuve el deseo de sumarme a la propuesta. Un sinfín de asuntos hicieron que los postergara una y otra vez. A ratos empezaba a hacer listas en el iTunes con la intención de convertirlas en mixtapes para La Bitácora Pop. Y así pasaron seis meses.
Finalmente, conseguí hacerme de un espacio para integrar Rendez-Vous. La primera, y espero no la última, de mis colaboraciones con JuanPa en esta aventura. Transcribo aquí el texto que escribí para presentar el mixtape.

En mi cerebro, música es una de las palabras con mayor cantidad de representaciones mentales. Algunas resultan especialmente poderosas. Entre éstas, la idea de encuentro. A lo largo de mi vida, la música ha jugado un papel fundamental en la construcción y el registro de todo tipo de encuentros. Alegres, dolorosos, emocionantes, inquietantes, divertidos, misteriosos, apasionados, sutiles, repentinos, memorables… En Rendez-Vous he intentado sintetizar algunos de ellos. Y he querido hacerlo usando un único instrumento: el piano.

Más allá de este criterio, no hay otra lógica en la selección. Aparecen obras de compositores de diferentes géneros, corrientes, épocas: Chopin, Gershwin, Bernstein, Piazzolla, Morricone, Glass… interpretadas por músicos de igual variedad: Rubén González, Bebo y Chucho Valdés, Leszek Mozdzer, Emanuel Ax, Pablo Ziegler, Bill Evans, Andre Previn…. Un trío de compositores repiten en algún momento; uno de ellos —Tiersen— quizá demasiadas veces, hecho que responde simplemente al valor que personalmente hallo en sus notas como acompañamiento de mis múltiples encuentros.

Para ordenar las melodías que integran esta compilación, quise imaginar un día plagado de encuentros. 24 horas comprimidas en 80 minutos de música. Propongo el track list dividiendo la selección en los diferentes momentos de esa jornada: Amanecer, Mañana, Mediodía, Tarde, Atardecer, Noche, Medianoche, Madrugada... (y un bonus track).


(Quizá por ahí los oídos más aguzados notarán que se cuelan un par de sonidos que “manchan” el criterio de “sólo piano”, cuestión que noté tardíamente y que espero disculpen.)

domingo, 7 de noviembre de 2010

Relatos de velorios y prohibiciones funerarias

La muerte y yo hemos llevado siempre una relación distante. No me he metido mucho con ella y ella ha sido recíproca conmigo. Esto puede sonar bien, el problema es que con el tiempo esa distancia se ha ido convirtiendo en una peligrosa indiferencia. Peligrosa porque no es real. Porque a ratos me despierto a media noche abrumado por el temor de que todas esas muertes que nunca he tenido cerca terminarán por acumularse y dejarse venir sobre mí de un solo golpe.

Mentiría si dijera que no tengo miedo a la muerte. El problema es que prácticamente nunca la he tenido lo suficientemente cerca. (Como con las reglas, hay una excepción a esta realidad. Una excepción que siempre me recuerda que es real. Intento escribir sobre ella y no lo consigo. Borro cada intento de línea ahora mismo. Y me queda claro que en algún momento tendré que hacerle frente y atreverme a describir esa partida que se llevó tantas cosas y que siempre he querido pensar que también dejó otras tantas.)

Decía, pues, que en general nunca la he tenido suficientemente cerca. De ahí que velorios y funerales siempre me han parecido rituales un tanto de ficción. Mi presencia en estos ha sido siempre ausente. Mi cuerpo asiste a los velorios cuando es necesario, pero mi alma suele quedarse a esperarle en la puerta. Quizá eso explica por qué me cuesta tanto trabajo narrar alguna anécdota funeraria.

Lo pienso y encuentro un funeral en el que quizá mi alma se hubiera animado a entrar, pero un océano estaba en medio y no pudo hacer sola tan largo viaje. Hace dos años y unos días murió la abuela. Yo estaba entonces en Barcelona y no fue posible asistir al servicio fúnebre con que se le despidió. Cuando volví a México visité, en medio de una de mis tantas crisis emocionales, el nicho donde se depositaron sus restos. Al día de hoy no puedo sino asumir como un acto de fe el que son sus cenizas las que están ahí y que no está escondida en algún lado intentando recuperar la soledad con la que vivió durante años.

Esa actitud de evasión que vivo frente a la muerte —actitud que por cierto parece dominar muchas otras dimensiones de mi vida— provoca que difícilmente me atreva a pensar en mi propio funeral. ¿Qué hacer y qué no hacer en él? Francamente me da un poco lo mismo. Me cuesta mucho trabajo hacer prohibiciones pues creo que al final lo que se hace o se deja de hacer en esas ceremonias es más para los vivos que para esos a los que están "despidiendo". Supongo que a través de esos rituales intentamos liberar una que otra culpa o tranquilizar en cierta medida nuestras conciencias. Así, pese a mi aversión a los protocolos, me viene dando lo mismo qué decidan hacer para darme ese "último adiós".

Ahora bien, si me apuran un poco y me obligan a lanzar alguna prohibición, creo que se resumiría así: durante mi funeral está prohibido quedarse con ganas de lo que quieran hacer. Quien quiera cantar que cante, quien quiera llorar que llore, quien quiera aplaudir que aplauda, quien quiera beber que beba, quien quiera gritar improperios a mis restos que no se censure, quien quiera vestir de negro no se oponga a quien elija portar un arco iris, quien busque silencio espero sea capaz de negociar momentos así con quien prefiera el jolgorio...

Quizá el único aspecto donde esta prohibición de no quedarse con las ganas pueda producir conflictos sea al momento de decidir qué hacer con mis restos mortales, pues uno no puede enterrarse de cuerpo entero 10 metros bajo tierra y a la vez ser arrojado en cenizas desde un cerro. Ante este posible dilema, solo puedo decir que preferiría la solución más ecológica posible. Aquello de mí puede reutilizarse, bienvenido un nuevo uso; si algo pudiera reciclarse para producir algo nuevo, adelante; lo que no sirva para un comino, que se reduzca pues a cenizas y ya está.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Soundtrack de mi vida (por si muero mañana)

De entrada me pareció que sería fácil. Mi única complicación inicial era definir un criterio para poner un tope al número de pistas que debería incluir mi banda sonora. Primero pensé en mi referente habitual: 80 minutos. Pero me pasaba por poquito y no quería dejar fuera ninguna de las piezas que ya había elegido. Entonces vino la idea: una por cada año de vida transcurrido hasta el día de hoy. No quiere decir que cada canción corresponda a cada vuelta que he dado alrededor del sol. De algunas épocas apenas tengo conciencia y difícilmente soy capaz de evocar sus sonidos; en cambio, hay años atiborrados de canciones muy concretas.

Una vez definida la cantidad de melodías, vino el proceso de selección. Algunas se escogieron solitas, en otros casos tuve que escarbar un poco más con tal de invocar lo que podía estar sonando a mi alrededor, sobre todo en esos años casi borrados de mi memoria. Entre las elegidas, hay piezas de las que puedo asegurar que cambiaron mi vida marcando en sí mismas un antes y un después; otras simplemente fueron testigos casuales de momentos o periodos que marcaron un antes y un después; algunas más ayudan a completar el juego de esas etapas que mi conciencia no tiene muy claras pero que sin duda habrán estado llenas de pequeñas grandes cosas.

Va pues la lista. Intentaré justificar la selección, aunque anticipo que en ciertos casos me reservaré los detalles.

1. "This is my life", Shirley Bassey. Esta canción es algo así como el prólogo de lo que vendrá. Es la primera pero no es una canción de mi infancia, pues descubrí a Bassey hace menos de una década, a través de una compilación que se titula como esta canción. En fin, la letra lo dice todo.

2. "Nosotros", Eydie Gorme y Los Panchos. No sé qué edad tendría, pero sé que no llegaba a los 10 años cuando me topé con esta joya mientras curioseaba la colección de discos de 45 rpm de mi mamá. No me pregunten qué me cautivó de esta melodía, pero lo cierto es que se convirtió de inmediato en una pequeña y secreta obsesión. Mi debilidad inicial por esta grabación era el sonido en sí mismo: la deliciosa voz de Eydie Gorme y la sutil cadencia del ritmo del bolero. Con el tiempo, fue la letra la que se apoderó de mí. A la fecha me pregunto aunque me digan que no me pregunte más: ¿por qué deben separarse si no es falta de cariño?, ¿por qué decir adiós en nombre de ese amor? Sigo sin respuestas que me convenzan.

3. "Todo se derrumbó", Emmanuel. Esta se me atravesó en un acetato de 33 rpm. Íntimamente. A la fecha creo que es el mejor disco de Emmanuel. Lo chistoso es que eso pensara yo a los 10 años. Elijo esta canción en particular porque, igual que "Nosotros", se me grabó en la cabeza muy pronto. Y sigue ahí desde entonces.

4. "On Earth as in Heaven", Ennio Morricone. La historia de mi temprano encuentro con Morrcione y la banda sonora de La Misión, está registrada por aquí, así que no me extiendo más.

5. "La fuerza del destino", Mecano. Descubrí al trío español en primero de secundaria, durante un paseo a Veracruz con compañeros del colegio. Viajábamos en el auto de algún maestro que llevaba puesto el cassette de Descanso Dominical. Me enamoré del álbum de principio a fin. Con el tiempo, eso de "pero la fuerza del destino / nos hizo repetir", se ha convertido en otra de mis obsesiones musicales. La música de Mecano es la música de mi adolescencia. Punto.

6. "Somewhere", Leonard Bernstein & Stephen Sondheim. Aquí puede que esté rompiendo un poco la cronología, no lo sé. No tengo muy claro en qué momento se cruzó el emblemático tema de West Side Story en mi camino. Recuerdo que fue a través de una grabación en vivo de Barbra Streisand. De ahí pasé a la película y el resto es historia. Para mí WSS es la película. Y "Somewhere" me parece una de las canciones más hermosas de todos los tiempos.

7. "Castillos en el aire", Alberto Cortez. De nuevo, ni idea de cómo llegó esto a mis oídos. En su momento me pareció simplemente una canción divertida. Con los años se ha vuelto terriblemente poderosa. (Para el anecdotario: es una de las canciones que más gozo cantar en un karaoke.)

8. "Con los ojos cerrados", Gloria Trevi. Elijo esta porque tengo que elegir una. Como Mecano, la Trevi fue parte clave de mi adolescencia. Pero, a diferencia del trío español, fue una de esas debilidades secretas. Hoy lo admito sin broncas: me encantaba y me encanta. Uno puede tener sus gustos culpables, ¿qué no?

9. "Phantom of the Opera", Sarah Brightman & Steve Harley. Estaba en el primer año de preparatoria cuando compré The Premiere Collection de Andrew Lloyd Webber. Fue mi primer contacto con este musical que un par de años después marcaría mi vida. (Soy de los que cree que el fantasma es y será siempre Michael Crawford, pero cito la versión de Harley por ser la primera que tuve y la que me enganchó en aquel entonces.)

10. "Holiday", Madonna. The Immaculate Collection fue uno de mis cassettes predilectos siempre. Pero mi casi devoción por la reina del pop nació el día que la vi en vivo por primera vez, en el entonces provisional escenario del Autódromo Hermanos Rodríguez (hoy, Foro Sol). No hay forma de describir cuando en la recta final del concierto sonaron las primeras notas de "Holiday". Mi piel aún recuerda ese momento. (La liga manda a la versión del Girlie Show, la gira de aquel mítico concierto.)

11. "Como hemos cambiado", Presuntos Implicados. Llegan años donde la secuencia se me pierde. Estoy ya en la licenciatura. Y este tema de Presuntos era nuestro tema. En cierto modo lo sigue siendo.

12. "Iremos juntos", de Vaselina. Quienes conocen la historia no necesitan detalles. Verano de 1995. Con el tiempo, un periodo que ha ido tomando su justo lugar en mi biografía. No sería el que soy sin ese verano.

13. "Las mil y una noches", Flans. La canción era ya un clásico en esos días. Una canción que acompañó quizá mis mejores momentos como universitario.

14. "Because you loved me", Celine Dion. Sí, soy fan y no tengo por qué negarlo. Pero esta canción no está en la lista por la cursi debilidad que siento por esta mujer, sino porque fue el tema que bailé con mi hermana MJ el día que celebramos sus 15 años. Solo describirlo me arranca nuevamente una lágrima y me recuerda lo difícil que es crecer.

15. "I will survive", Gloria Gaynor. Como con tantas canciones, me cuesta trabajo explicar cómo surgió mi fascinación por ésta. Por más trillada que esté, nunca me cansaré de escucharla. Es además una canción llena de momentos. Para fines de mi banda sonora, es además la representante de mi lado discotequero, ese lado que ya dos veces he tenido la dicha de celebrar brincoteando acompañado en vivo y en directo por la voz de la mismísima Gloria.

16. "Il dolce suono", de Donizzetti. Concretamente, en la versión que aparece en la película de El Quinto Elemento. Cuando vi la peli de Luc Besson no sabía que lo que escuchaba en la épica escena de la Diva era un aria de Lucia de Lammermmoor. Tendrían que pasar años para que me atreviera a explorar el mundo de la ópera, pero la ciencia ficción había ya sembrado esa semilla. (Hoy, la escena de locura de Lucia es sin duda una de mis grandes obsesiones, al grado que vivo coleccionando versiones.)

17. "Vesti la giubba", Luciano Pavarotti. La semilla que depositó Besson germinó poco después con Pavarotti y sus amigos. Compré un par de sus discos por "borrego", lo confieso. Y con el tiempo agradezco a esa serie de grabaciones el haber derrotado mis prejuicios y haberme atrevido a explorar sin temor el mundo del bell canto. Sobre la pieza en particular, el canto del payaso que antes de salir a escena descubre la traición de su mujer es para mí casi un himno.

18. "Para vivir", Pablo Milanés. Otro giro. No sé el momento, pero esta canción se me coló a las venas desde la primera vez. Hoy, la escucho y confieso que me estremece su sentido casi profético.

19. "I saw no shadow of another parting", Kiri Te Kanawa. Se trata de una sencilla pero poderosa aria compuesta por Patrick Doyle para la película Great Expectations, de Alfonso Cuarón, basada en la obra de Charles Dickens. La letra está tomada literalmente de un pasaje de la novela. Su valor para mí es infinito pues encierra muchas cosas: libro, película y banda sonora son de mis favoritas cada una en su respectiva categoría. Además el disco representó para mí el hallazgo de Te Kanawa, a quien desde entonces admiro y sigo fervientemente.

20. "Favola", Eros Ramazzotti. Sigo atrapado entre 1995 y 1999. En esos años, esta fábula, inspirada en un texto breve de Hermann Hesse, era para mí una especie de micro-biografía musicalizada con la que solía torturarme a ratos.

21. "Balada para un Loco", Astor Piazzolla y Horacio Ferrer. Se acercaba el final del siglo XX y yo descubría el folclor argentino a través de un espectáculo llamado Forever Tango. Hacia el final del show aparecía esta obra maestra del poeta Ferrer con música del genial Piazzolla. "Ya sé que estoy piantao..." Y así, a ritmo de tango nuevo, de nuevo cambió mi vida.

22. "Bésame mucho", de Consuelo Velázquez, en todas las versiones de músicos callejeros, particularmente en las plazas y transportes públicos de París, Roma, Florencia, Barcelona... En distintos viajes durante los primeros cinco años del nuevo milenio, eso de "como si fuera esta noche la última vez" se aparecía con inesperada magia en los momentos y lugares más imprevistos. Y siempre conseguía arrancarme una lágrima de nostalgia.

23. "The way you look tonight", Frank Sinatra. Lo que escriba sobre el sentido de esta pieza será insuficiente. Baste decir que dejarla fuera de mi banda sonora sería excluir una de las partes más valiosas de mi vida.

24. "Huapango", de Moncayo, con la OSN. Y un día me fui a Barcelona, sin saber naturalmente lo que implicaría esa aventura. Allá, entendí por qué hay quien dice que esta obra de Moncayo es como el segundo Himno Nacional Mexicano. Y sobre eso escribí desde Catalunya algo que aún puede leerse por acá.

25. "When your mind's made up", Glen Hansard y Marketa Irglova. Una canción tremendamente poderosa, inevitablemente asociada a un periodo que terminó provocando nuevos giros imprevistos en la gráfica de mi existencia.

26. "Esta madrugada", Amaral. Sucede con este dúo algo semejante a lo que me ocurre con la canción anterior. Son piezas que quizá por estar aún tan cerca en mi biografía no consigo traducir con claridad. Pero ahí están.

27. "Vuelvo al Sur", Astor Piazzolla. Y un día regresé al Sur... distinto, en cierto modo distante. Por momentos incapaz de incorporar los sueños recuperados a la realidad circundante. (De nuevo, Piazzolla: el primer compositor —creo que será el único— que se repite en esta lista.)

28. "Camins", Sopa de Cabra. "Mai no es massa tard per tornar a començar..."

29. "Two out of three ain't bad", Meat Loaf. Jim Steinman tenía que aparecer en algún momento de mi soundtrack. Cronológicamente parece que la canción debería ir mucho antes. Si bien hace años que es parte de mi fondo musical, recientemente ha tomado nuevos significados. Y cambia todos los días.

30. "Nice 'n' easy", Frank Sinatra. Es muy pronto quizá para hablar sobre por qué meter de nuevo a La Voz y por qué con este tema. Pero me pareció que no podía dejarla de lado.

31. "La longue route", Yann Tiersen. Era necesario incluir a este músico francés. Muchas eran mis opciones y elegí una a modo de sintetizar todo lo que representa su música en mi vida desde hace una década. Esta melodía fue una de las que escogí para anclar una reciente escapada a Peña de Bernal. Es una anécdota larga que quizá convendría recuperar en otro momento. Para fines de este ejercicio, diré solo que la música de Tiersen me ayuda a registrar esos momentos que no puedo permitirme olvidar.

32. "E lucevan le stelle", Plácido Domingo. Otro que no podía quedarse fuera en la banda sonora de mi vida al día de hoy es Giacomo Puccini. Elegir una pieza me resulta particularmente difícil, pues casi podría contar mi vida con una una antología basada exclusivamente en arias de este compositor. Escogí este momento casi final de Tosca por el sentido que a estas alturas de mi lista producen sus versos finales: "L'ora è fuggita... E muoio disperato! E non ho amato mai tanto la vita!"

33. "La Martiniana", Susana Harp. La letra del poeta Andrés Henestrosa explica por sí misma el sentido que cumple esta pieza. "No me llores, no, porque si lloras yo muero. En cambio, si tú me cantas..."

34. "Somewhere over the rainbow / What a wonderful world", Israel Kamakawiwo'ole. Sí, para cerrar mi lista hago trampa y cuelo dos en una. Dos canciones que podrían ir en cualquier momento de mi cronología. No sé cuándo las escuché por primera vez. Sé que tengo muchas versiones de ambas. Y en esta grabación no solo se combinan sino que lo hacen de una manera que siempre me arrebata una sonrisa (y de vez en cuando una lágrima). Dentro de ambas melodías están el que fui, el que soy y sin duda el que seré... Están mi familia, mis amigos, mis amores, mis dolores, mis esperanzas, mis sueños...

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Reviviendo de entre los muertos

Hace dos meses baje la cortina de este changarro, no por falta de cosas por decir, sino por una inmensa y creciente dificultad para utilizar las palabras al intentar referirme a mí mismo y a mi vida. Además, por diversas razones sentí que el espacio no respondía más a mi presente. En algún otro rincón empecé a liberar una que otra palabra, sin conseguir mucha continuidad, al menos hasta ahora.

Paradójicamente el Día de Muertos me ha traído una oportunidad para dar nueva vida a este espacio. La 3a Semana Mortuoria, convocada este año por mis queridos Jacka y JuanPa, me da el pretexto para desempolvar el teclado e intentar decir dos o tres palabras. Así pues, empiezo hoy a compartir algunas ideas a partir de esta convocatoria que ya se convierte en tradición. Veremos si después de esta pequeña resurrección, sucede algo más con esta libreta virtual. Por lo pronto, en un rato cuelgo mi primer texto mortuorio de 2010.

martes, 5 de enero de 2010

Miedo

Para celebrar su segundo aniversario, Esta Boca Mía lanzó una provocación fascinante. Y caí. Pronto me di cuenta de que el reto era complicado, pero persistí porque me parecía una manera maravillosa de rendir homenaje a una pluma que admiro y a una persona por quien siento un gran cariño. Al decidir participar de su festejo, me di cuenta además de que llegamos prácticamente al mismo tiempo a la blogósfera, pues fue justamente en enero de 2008 que abrí mi primer libreta digital (aunque mañosamente ajusté la fecha de la primer entrada como si hubiese sido publicada en diciembre del 2007). Va pues, mi manoseo a uno de los textos incompletos de Jacka.

Miedo

Ese menudo cuerpo estaba lleno de resentimiento. Parecía imposible que tanta ira, tanto rencor y tanto dolor, cupieran en el espigado contenedor de su alma.

Sólo se podía adivinar la oscuridad que lo habitaba cuando su mirada se perdía en el horizonte. Probablemente porque en ese momento bajaba la guardia y la marea de agua putrefacta alcanzaba la superficie. El resto del tiempo era difícil descifrarle, aunque parecía justamente lo contrario: quien se topaba con él creía adivinar de inmediato una luminosa presencia: “transparente como pocos”, solían decir.

Raro que alguno imaginara las tinieblas que operaban en su interior, pues si bien sus ojos viajaban con frecuencia en dirección del ocaso, pocos llegaban a atestiguarlo. De ahí que resultara improbable imaginar que aquella ira, aquel rencor y aquel dolor eran producto de una poderosa incapacidad de afrontar eso que suelen llamar la realidad.

Llevaba una vida entera viviendo de sus propios temores, sin atreverse a llamarles por ese nombre. De alimentarse de ellos primero y después de los residuos derivados de tal ingestión. Curioso que, pese a ser tantos sus recelos y tan variados, quienes le rodeaban lo percibieran como valiente. Aplaudían su “fortaleza” y algunos incluso envidiaban el modo en que, según decían, “hacía frente a la adversidad”.

Más de una vez escuchó él mismo tales adulaciones. Lejos de reconfortarle, sólo nutrían el cúmulo de ira, reforzaban el rencor y ahondaban el dolor, sin que de ello se diera siquiera cuenta.

Hasta el día en que la mierda no encontró más espacio bajo su piel.

Fue en ese último minuto cuando, por fin, le puso nombre a aquello que hasta entonces su soberbia se había obstinado en disfrazar de ira algunas veces, de rencor otras tantas y de dolor las más.

sábado, 2 de enero de 2010

Recuentos 2009: Divagaciones

La primera entrada del 2010 está dedicada al 2009. Echando un vistazo al centenar de notas que registré a lo largo del año, se me ocurrió elaborar el Top10 de mis propias divagaciones. Algunas más breves que otras, las diez entradas seleccionadas podrían ayudar a sintetizar el modo en que viví la más reciente vuelta al sol completada por nuestro planeta. En orden estrictamente cronológico, aquí están.

9 de febrero. Luz y oscuridad. [El punto de partida. Curioso que en la recta final del 2009 volviera más de una vez a ideas semejantes.]

20 de febrero. Silencio. [Sin palabras.]

26 de febrero. Visión. [Otra más de febrero; una revelación clave en la primera etapa del año; una idea que quizá debería tener presente con más frecuencia.]

23 de mayo. Gente de bien. [Un episodio clave para comprender el 2009 y cerrar una década; una valiosa estación para recargar combustible.]

20 de abril. Atrapar el tiempo. [Una divagación que tuvo segunda y tercera parte; una mirada a una de mis obsesiones recurrentes.]

7 de junio. Terapias. [A mitad del año, nueva carga de energía justo a unas semanas de la transición. Dato curioso: escribía esto sin imaginar las horas de carretera que me esperaban.]

24 de junio. Vocación. [Un mensaje para mí disfrazado de mensaje para otros; una forma de cerrar un ciclo.]

30 de agosto. Presiones y coincidencias. [Otra dosis de combustible, esta vez celebrando una década de coincidir.]

24 de septiembre. Recuento antes de partir nuevamente. [Una pausa: una bocanada de aire desde la cuna de aquel Ernesto-en-Barcelona.]

10 de noviembre. Recuperando. [Una divagación que sintetiza los contrastes que acompañaron al año: las luces, las sombras, la necesidad de creer...]

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Apostar por lo simple

Hace apenas unos días se cumplió el primer año de vida de esta libreta digital que hoy —otra vez— cambia de piel. La semana pasada hace un año que volví de Barcelona dejando atrás quince meses de metamorfosis. O de recuperación. Un registro de tres cuartas partes de aquellos días quedó en mi primer blog, aquel que di por terminado el mismo día que abría éste. De vez en cuando vuelvo al anterior sin saber bien por qué. Y me encuentro siempre con un fragmento de mí que me descubre algo nuevo. Como cuando leo las viejas libretas de las que he hablado alguna vez.

Empieza diciembre y, como cada año, llega cargado de emociones contradictorias. Ilusiones. Y nostalgias. En medio del hervidero de unas y otras, me he propuesto renovar muchas cosas. Romper uno que otro hábito, aunque, citando otra vez a thearqui, "vaya la sensación de seguridad de por medio". Y si bien ayer mismo me uní en Facebook al grupo de los que tiende de forma innata a complicarse la existencia, hoy decido, al menos en ciertas cosas, apostar por la simplicidad.

No pretendo con ello eliminar complejidades cuya existencia me parece sine qua non para encontrarle sentido a la vida. Intento, en esa erradicación de 'malos hábitos', deshacerme paulatinamente de aquello que simplemente no me corresponde. Aquello que viene más de fuera que de dentro. Atreverme a dejar de lado una que otra justificación innecesaria más allá de las fronteras de mi propia necesidad. Dejar de preocuparme, al menos de vez en cuando, por el producto de un sinfín de manías acumuladas a lo largo de tantos años.

Quizá por ello, para ayudarme a poner ciertas cosas en blanco, apuesto al menos un rato a un espacio menos saturado. Más semejante a mis libretas de notas en papel, a las que he ido volviendo poco a poco en las últimas semanas. Quizá esa cercanía entre uno y otro espacio me permita venir aquí con más frecuencia.

martes, 3 de noviembre de 2009

Sugerencias para mi funeral

Debo advertir que no ando muy inspirado, pero realmente tengo ganas de cumplir un segundo reto de la Semana Mortuoria 2009. Poco inspirado y muy cansado. De pronto se me olvida que el día comenzó a las tres y media de la mañana con tres horas y media de carretera para llegar a mi trabajo. Los ojos pesan. La ardilla del cerebro cuando mucho trota a paso lento. Quizá este estado entre vigilia y sueño sirva para hablar de algo tan poco ordinario como mi propio funeral.

El reto sonaba divertido de entrada. Pero mientras se acercaba el día propuesto para publicar mis expectativas sobre el asunto, las cosas se fueron complicando. Cierto que en mi adolescencia el tema de mi muerte y el consecuente sepelio fueron un tema recurrente en sueños y divagaciones más o menos conscientes. Sin embargo, hacía mucho que no me planteaba el tema. Ya advertía hace unos días que tiendo a evadir el hablar de la muerte. Quizá más en tiempos recientes. Pero la provocación lanzada este año con motivo del día de muertos me obliga una vez más a plantearme el asunto. Esta vez con el pretexto de "qué hacer y qué no hacer en mi funeral".

Mientras intento arrancar mi lista de indicaciones, descubro que las complicaciones derivan de no estar seguro de querer un funeral. Pero entiendo que al final eso me rebasa. Ya decidirán otros por mí y, siendo francos, muy en su derecho. En cierto modo, a mí qué más me da. Vale: algo me importa, se trata de mí, pero en cierto modo se trata de la forma en que otros querrán "despedirse" de mí.

Como suele suceder con tantas cosas, pensé que sería más fácil comenzar con lo que NO ha de hacerse. Pero me doy cuenta que, como suele suceder en tantas facetas de mi vida, me cuesta trabajo prohibir. Descubro después que casi todas mis restricciones van asociadas a una afirmación en positivo. En cualquier caso, dado que no me gusta mucho la idea de dar órdenes, tómense estas ideas como sugerencias, propuestas que ya en su momento decidirán los involucrados cumplir o no.

Imagino mi "funeral" en un espacio poco común. No me imagino en una agencia funeraria. Me gusta pensar en un espacio más o menos abierto, donde el aire circule, donde sea posible ver el cielo; un espacio en donde la energía que liberen los asistentes pueda liberarse, no acumularse y reciclarse infinitamente. [De pronto, me gustaría pensar en un pueblo, algo ajeno al contexto urbano. Me gustaría tener un pueblo favorito como para decir, "llévenme ahí para velarme". Pero no lo tengo, al menos hasta ahora.]

Siempre he creído que mi funeral debería tener música. Sin embargo, me cuesta trabajo decir qué música. A veces digo que me gusta de todo, pero ciertamente hay cosas que no imagino mientras me despido de este mundo. Si yo pudiera escoger la lista de complacencias, elegiría sin duda temas que ayudaran a acompañar las emociones de quienes estuvieran reunidos. [Escribo esto y pienso en música que pudiera casi inducir esas emociones. No en un afán de chantaje afectivo, pero sí música capaz de producir imágenes asociadas a ciertos momentos compartidos y reproducir así ciertos estados anímicos.] Ejemplos: Handel, Morricone, Piazzolla, Tiersen, Preisner, Gershwin. Ok, igual y suena de flojera para algunos, pero pienso sobre todo en música sin letra. No sé por qué. Creo que puede inducir menos la conducción de las ideas. Vale, ya estoy alucinando; paso mejor a otro punto.

Creo que si estuviera en mis manos, me gustaría evitar que la gente estuviera toda vestida de negro. Preferiría que cada quien llegase vestido como le diese la regalada gana. Esta cuestión de la vestimenta dictada por normas sociales me pone nervioso. Me incomoda. Entiendo que a muchos les podrá brindar seguridad. En esos casos, comprenderé —es un decir, creo— que lleguen vestido según la regla. Pero, en lo posible, preferiría que nadie se sintiera condicionado por semejante mandato. [Quizá este anhelo sea sólo una proyección de mi propia dificultad e incomodidad para responder a los dictados en la materia. Insisto: tampoco se sienta nadie limitado por mí en este sentido.]

Y después, ¿qué hacer con mis átomos? ¡Diantres! No sé qué responder. En conversaciones de familia sobre nuestros respectivos destinos al morir es un tema que siempre genera debates. A muchos [¿les? ¿nos?] importa que exista un lugar para visitar al que se ha ido. Y parece una inquietud razonable. Sin estar seguro de que mi respuesta sea definitiva, se me ocurre que me repartan en diversos lugares —incinerado, por favor, no anden arrojando extremidades por ahí nada más—. Sonará cursi o un poco a pose, pero en la lista de sitios me gustaría que se incluyera Catalunya: particularmente, arrojar un poco desde la cima de Montserrat, sitio que, como es bien sabido por algunos, marcó para mí un particular renacimiento. Ya estando para tales fines en el Viejo Mundo, otro poco me gustaría que fuera lanzado al Mediterráneo, para reencontrarme con algunos de los secretos que deposité en sus olas. Acá, en México, son muchos los sitios donde podría quedar algún rastro. Me viene a la cabeza un árbol en particular en el Parque México, de la colonia Condesa. Es una burrada, quizá, pero ese sitio encierra significados muy poderosos. Hay más lugares, sin duda, pero lo poco que me queda de claridad esta noche está por extinguirse. Lo dicho aquí seguro es suficiente para expresar el planteamiento central.

Ea, pues. Me marcho a descansar que la semana apenas inicia. A ti, que te detienes aquí una vez más a leer mis divagaciones, gracias. Sé que de uno u otra manera estarás presente el día que inevitablemente esa muerte me llegue. Estarás porque eres parte de mi historia.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Calaverita bloguera 2009

Estaba Ernesto twitteando
(era su nueva manía)
cuando en esa noche fría
la muerte entró a interrogarlo:

«Don Ernesto, ¿qué ha pasado?
¡No ha cumplido su misión!
¡No ha actualizado mi blog!
¿O ya olvidó lo acordado?»

¡Cierto! ¡Un año ya, qué lata,
para escribir sin denuesto
bajo el mando de la Parca!

«Señora, estaba pensando,
escribir su calavera.»
La Catrina sin espera
respondió reflexionando:

«¿Sabes? ya suena pedante
tanto escribir de una misma,
¿por qué esta vez no dedicas
a otros tus versos galantes?»

No sonaba mal la idea,
ya era mucha egolatría,
pero ¿a quién dedicaría
esta vez su calavera?

¡A quién más sino a la Jacka,
en buena lid responsable
de que tanta gente hoy ande
hablando de la calaca!

No es ninguna fantasía
lo que aquí yo les relato,
es la crónica de un pacto
realidad y pesadilla.

He aquí pues —aún no lo creo—
que Jacka ingenua aguardaba,
como cada madrugada,
la llegada de Morfeo.

Pero aquella noche oscura
Murphy nunca apareció:
fue la Muerte quien cruzó
la puerta con galanura.

"Mucho me andas invocando"
le dijo mirándola atenta,
"y a escribir sobre mis cuentas
a otros andas convocando."

"Si en verdad tanto te atraigo
puedo ofrecerte un asunto,
ya verás que ni a Tim Burton
ofrezco tales contratos."

Hoy la Jacka es prisionera
y escribana de la Muerte.
"Para mí", dice y no miente,
"¡mejor chamba no existiera!"

sábado, 12 de septiembre de 2009

AICM - J26

Ésta es la entrada número 100 en esta bitácora digital. Y la celebro a unos minutos de abordar el vuelo que me llevará nuevamente al viejo mundo, para dar un nuevo paso en la trayectoria académica y personal que me propuse hace un par de años. Se dice tan fácil. Hace 24 meses estaba yo en plena empacada de cosas y con los nervios a tope, con una visa de estudiante, un billete de avión recién comprado, una reserva para 7 días en un hostal a las afueras de Barcelona y con mil cosas en la cabeza y en el corazón. Unos meses después, ya más adaptado a mi nueva vida, nació ErnestoEnBarcelona, ese diario virtual que pronto daría nuevos colores, sabores, sonidos y texturas a mi vida. En noviembre pasado, con mi regreso a México, suspendí en 201 el número de entradas de mi primer blog. Y nació con esa misma entrada éste, que lees ahora.

100 registros no son quizá gran cosa. Pero contienen mucho más que cien ocurrencias, cien locuras o cien confesiones. Son una radiografía del Ernesto que volvió aquel noviembre y que hoy, diez meses después, vuelve a Catalunya a reencontrarse con los fragmentos que pudo haber dejado en el camino. A seguir construyéndose. A seguir explorando y descubriendo. En unos minutos nos llaman para abordar. Dios mediante en unas horas estaré reportándome desde el otro lado del charco. Gracias a tod@s por ser y estar ahí.

domingo, 7 de junio de 2009

Terapias

Muchas cosas me funcionan como terapia: leer, escribir, escuchar música, ver una película, caminar sin rumbo, contemplar el cielo... conducir en carretera. Dentro de la ciudad, el automóvil me enferma; fuera de ella, me sana. No importa mucho a dónde me dirija, la oportunidad de tomar una carretera o autopista me resulta siempre de lo más atractivo. Cuando los viajes son para visitas cortas y el regreso es el mismo día, la parte fuerte de la terapia está en el segundo trayecto, cuando el cansancio vence al resto de los pasajeros y el camino queda despejado para mis divagaciones. 

Hoy la terapia resultó más que oportuna. Cuando JuanPa convocó desde Querétaro para celebrar anticipadamente su cumpleaños, supe que tenía que aprovechar la ocasión. Había pensado ir desde anoche a la primera etapa del festejo, pero me ganó la carga de trabajo. Aún así, hoy no podía dejarlo pasar. Como a M. la enviaron fuera de la ciudad en una comisión de trabajo, me lancé solo a la bella capital queretana. De la puerta de mi casa al punto de la celebración hay 210 kilómetros. En total, 420 kilómetros de terapia.

Hay muchas cosas trabajando en mi cabeza. Varias cosas exigen mi atención; es necesario darles orden y enfrentar algunas decisiones, particularmente en el ámbito laboral. Tiempo al tiempo, lo sé. Serenidad. Y atención.

Entre tanto, el festejo de JuanPa fue una oportunidad más para compartir un rato con La Diva Cordero y Pixie G. Zejel, además de conocer, entre otros bloggers y twitters, a la mismísima Jacka. Mi presencia en el encuentro fue breve y confieso que estuve un tanto ausente, quizá como resultado de la terapia que me venía propinando en el camino. Pese a mi desconexión mental, la ocasión fue más que agradable... Un nuevo recordatorio de que, si bien los bits funcionan como extensiones de nuestras funciones, no dejamos de ser átomos.

Al margen. Al inicio, citaba al cine como otra vía de tratamiento. En los últimos días me dien casa varias dosis, que ya estaré reseñando. 

miércoles, 13 de mayo de 2009

Varia

  • Mi número de horas frente a grupo aumenta por cuarta ocasión en lo que va del semestre. Esta vez, pasan a mis manos dos grupos de Literatura y dos de Taller de Lectura y Redacción. Mis meros moles. El reto entusiasma. Las labores no-docentes van pasando a segundo plano, al menos durante lo que queda del curso. Y eso me viene bien. Ya ando tramando locuras con mis nuevas asignaturas, lo cual me emociona. La oportunidad que yo mismo me di al proponer este nuevo escenario, es un arroyo en medio del desierto en que se ha venido convirtiendo a fechas recientes el contexto laboral. Más trabajo, o al menos más laborioso, más cansado, pero que se agradece. 
  • Y hablando de cargas de trabajo, voy entrando en la recta final del semestre también para el doctorado. Este fin de semana tengo que terminar y enviar mis dos proyectos. Esto es la locura absoluta. Voy avanzado, pero ha llegado el momento de afinar conclusiones y pulir algunos pendientes. Y la inspiración aferrada a llegar a deshoras; rechaza las invitaciones a horarios fijos e insiste en presentarse cuando en la agenda está citado ya el descanso. Y hacer coincidir a ambos invitados puede ser productivo cuando se trata de imaginar y proyectar fantasías, pero no saben convivir cuando hablamos de entregas académicas formales. Así que ya me veré lidiando en estos días con los caprichos de las musas y las exigencias del sueño.
  • El rol lateral de blogs favoritos ha ido creciendo en los últimos días. Algunos hallazgos causales, otros no tanto. Blogs con largos antecedentes que ya habrá tiempo de ir explorando, y otros de reciente creación. Blogs de autores consagrados —como el cuaderno de Saramago o el puerto de Mastreta—, de autores a quienes no conozco —como las soledades de Juan P o el espacio de la multifacética Saray—... y el más nuevo de todos, el recién inaugurado blog de Janet, ex-alumna, amiga, injustamente auto-nombrada discípula de un servidor y talentosa pluma desde tiempo atrás. Sus páginas virtuales orientadas a explorar el "ingrediente faltante", me tienen ya enganchado desde el primer párrafo. 

sábado, 18 de abril de 2009

Renovarse

Odio los lugares comunes. Y quizá los odio por la frecuencia con que suelo acudir a ellos. Y es que a veces son tan económicos: ahorran palabras y suelen transmitir su mensaje con gran velocidad. (Aunque en ese ahorro se llevan también la riqueza de las palabras necesarias que algunos valoran como si fuesen de ornato, lujos o presunciones prescindibles.)

Todo esto porque iba a iniciar esta entrada con un clásico: «Renovarse o morir». Y no es que haya pensado en sacrificar este espacio —que se me ha vuelto tan indispensable—. Pero quizá el toparme a diario con el mismo rostro —un poco como me sucede en la vida real— ya me estaba saturando. 

Posiblemente por eso decidí no sólo cambiar la imagen del blog, sino también buscar una nueva distribución y «funcionalidad». La modificación más drástica, me parece, es que las entradas aparecen ahora solas; es decir, cuando el navegante virtual recurrente llegue a este blog, se topará solamente con la entrada más nueva. Para compensar un poco este cambio —y no afectar tanto a quienes vienen sólo de vez en cuando— en las columnas laterales aparece una lista con las cinco entradas más recientes. 

Otro cambio tiene que ver con algunos de ustedes, que me leen y a quienes leo. La lista de blogs se había hecho ya tan extensa, que preferí dejar la opción de "los cinco actualizados más recientemente". Finalmente, el menú de etiquetas y el histórico, así como las aplicaciones de «seguidores», quedaron al pie de la página. 

Para usar otro lugar común —creación del arquitecto Ludwing Mies Van Der Rohe—, digamos que intenté seguir la política de «Menos es Más». Así las cosas, ya esperaré los jitomatazos que sean necesarios. 

miércoles, 11 de febrero de 2009

Identidad digital

«So identity formation among Digital Natives is different from identity formation among predigital generations in the sense that there is more experimentation and reinvention of identities, and there are differente modes of expression, such as YouTube and blogging.»

Born Digital es el título del libro que me traigo entre manos —y ojos— en estos días. A través de sus reflexiones, los autores exploran el comportamiento, las motivaciones y las operaciones de los Nativos Digitales: esa generación que ha nacido ya en medio de las computadoras; niños y jóvenes que hoy no son capaces de imaginar un mundo sin internet, un trabajo escolar sin Google o Wikipedia, o una amistad sin Facebook, Hi5 o MySpace; niños y jóvenes a lo largo de buena parte del mundo —aunque representando todavía una minoría de la población— cuyas vidas poseen un esencial componente digital. Sus reflexiones alcanzan también a los Inmigrantes Digitales: los que, pese haber nacido antes del desarrollo acelerado de las tecnologías informáticas, hemos ido entrando a ese mundo y adoptando sus lenguajes y herramientas.

Llevo apenas dos capítulos, pero no podía resistir la tentación de compartir aquí algunas ideas que han dado pauta a un sinfín de divagaciones. El primero en particular me ha producido mucho entusiasmo, al colocar una vez más sobre la mesa de mis reflexiones el tema de la identidad y el impacto que estas tecnologías pueden tener en semejante ámbito.

Con un lenguaje sencillo y una visión casi siempre equilibrada, los autores advierten a la par peligros y oportunidades que entrañan las tecnologías digitales. Así, señalan la inestabilidad y la inseguridad que se reflejan en los procesos de elaboración de la identidad de las personas, al tiempo que reconocen en estas herramientas una oportunidad de experimentar y poner a prueba diversas posibilidades. 

Paradójicamente, observan, parecemos tener mayor control sobre nuestra identidad, cuando realmente poseemos mucho menos. Al mismo tiempo, nuestras diversas identidades —que siempre han sido diversas, incluso en los viejos tiempos— tienden a converger ante el observador o agente externo a nosotros, con más facilidad que antes de la era digital. 

La visión general de la obra no es catastrofista, pero tampoco peca de un triunfalismo ciego. Si bien por momentos sus planteamientos pierden el equilibrio en una u otra dirección (sobre todo en la segunda), procuran mantenerse en la línea de la tesis planteada en su introducción.
«We are at a crossroads. There are two possible paths before us—one in which we destroy what is great about the Internet and about how young people use it, and one in which we make smart choices and head toward a bright future in a digital age. The stakes of our actions today are very high. The choices that we are making now will govern how our children and grandchildren live their lives in many important ways: how they shape their identities, protect their privacy, and keep themselves safe; how they create, understand, and shape the information that underlies the decision-making of their generation; and how they learn, innovate, and take responsibility as citizens. On one of these paths, we seek to constrain their creativity, self-expression, and innovation in public and private spheres; on the other, we embrace these things while minimizing the dangers that come with the new era.»

La introducción casi completa está disponible aquí, como parte del sitio web del libro.

martes, 10 de febrero de 2009

Segundas Temporadas

Hace poco más de un año descubrí la blogósfera y no tardé en quedar atrapado en sus redes. Inicialmente quise experimentar con un blog dedicado a mi actividad profesional: la educación. Surgió así un espacio que bauticé Desarrollo Académico. Simultáneamente arranqué mi blog personal, Ernesto en Barcelona. Entusiasmado por mis exploraciones en estos territorios digitales, en febrero del año pasado inicié un blog que pretendía ser espacio para confrontarme con una serie de recién descubiertas inquietudes existenciales. Nació así Tras Alicia. Los tres proyectos fueron avanzando a lo largo del año, con mayor o menor dedicación. Hacia el verano, Desarrollo Académico perdía fuerza, pues el impulso que me había llevado a iniciarlo entró en conflicto con una serie de nuevas perspectivas pedagógicas que fueron desarrollándose en mi interior; de alguna manera, mis nuevos paradigmas me parecían incompatibles con el enfoque inicial de ese blog. Al mismo tiempo, mi mala organización y falta de perseverancia —mezclado con una aparente falta de lectores— me hicieron ir abandonando Tras Alicia, un proyecto al que le tenía mucho afecto y que, sin embargo, me parecía como una voz en el desierto.

Hace un par de semanas, mientras revisaba unos documentos me topé con un texto que me sirvió de pretexto para resucitar mi blog sobre pedagogía; para esta nueva etapa, decidí cambiar no sólo el nombre del mismo sino también su dirección: así nació De-Formación Docente. (Aunque el cambio de enfoque es significativo, se conservan en la nueva dirección todas las entradas del ahora extinto Desarrollo Académico.)

Ayer por la tarde, mientras reflexionaba sobre las clases que había dado en la mañana, decidí también que era momento de recuperar mi blog de confrontación con el mundo que vivo, y así hoy arranca Tras Alicia 2.0

Ambos resurgimientos me entusiasman. Y, aunque ando con mil cosas por hacer, me propongo mantener vivos estos espacios que, de alguna manera, ayudan a canalizar mucho de lo que cruza mi mente. Así, comparto contigo el inicio de estas nuevas temporadas. Por allá te espero de vez en cuando.

lunes, 26 de enero de 2009

Reconocimiento

A lo largo de éste, mi primer año en la blogósfera, varias veces he visto entregas y recibimientos de premios. Me refiero a esos reconocimientos en serie que algún blogger desencadena, permitiendo que los que formamos parte de esta comunidad digital extendamos los alcances de nuestra lectura y nos acerquemos a otros bloggers cuyos méritos son reconocidos por otros a quienes ya veníamos siguiendo. 

Y así, hoy resulta que me toca a mí. Diliviru ha considerado este blog digno de recibir un premio que lleva el misterioso nombre de Luz en el Alma.

El nombre es ya en sí mismo provocador y me lleva a preguntarme seriamente si mi bloggeramiga de Coatza ha encontrado un mínimo de semejante luz en algún rincón de estas exploraciones y ocurrencias. Lo agradezco de corazón y enfrento ahora la complicada tarea de hacer extensivo el premio a otros blogs. Digo que la misión es difícil porque Diliviru se ha encargado ya de asignar el reconocimiento a espacios que frecuento y que sin duda son dignos merecedores del envío. 

Así las cosas, pa' no dobletearle, he elegido de entrada dos blogs que, aunque a últimas fechas no se han actualizado con frecuencia, siguen siendo fuente de inspiración para mí. 

Uno es Signo de Pregunta, de Jake, quien publica su blog desde Buenos Aires, en ese Sur hermoso que, como Serrat y ella se encargan de recordarme regularmente, también existe. 

El otro es Lecciones de Vida, de mi entrañable amigo Luiser, a quien conocí hace más de una década, en momentos muy especiales de mi vida. El tiempo —y la geografía— nos han distanciado un poco; paradójicamente cuando más lejos y por más tiempo he estado lejos de mi patria, me he reecontrado con Luiser a través de la blogósfera.

Sé que la intención de estos premios es continuar con ese efecto dominó. Y reconozco que mis asignaciones posiblemente no concreten tal propósito. Sin embargo, dado el nombre tan peculiar del premio —y teniendo presentes a quienes ya han recibido el envío de otras manos—, Jake y Luiser eran mis candidatos obvios. Si hacen eco o no de este otorgamiento me parece secundario.

lunes, 5 de enero de 2009

Recuentos

El cierre de un año, como el de cualquier otro ciclo, siempre es buen pretexto para los recuentos. Doy un vistazo al recién finalizado 2008 y encuentro doce meses cargados de aprendizaje, descubrimientos, transformaciones...

A través de los registros publicados a lo largo de mi primer año en la blogósfera resulta aparentemente sencillo reconstruir mi 2008. Pero lo cierto es que tal crónica, si bien resulta útil, termina siendo insuficiente para abarcar lo que el año pasado significó en mi proceso de construcción personal.

Como siempre, un buen número de canciones, películas y libros que se cruzaron en mi camino a lo largo de estos 365 días ayudan a dar cuenta de mis ires y venires. En los próximos días, pretendo compartir aquí los más significativos.

Por lo pronto, celebro y agradezco el inicio de 2009 y, por supuesto, celebro y agradezco comenzar un segundo año en la blogósfera, que en los doce meses previos no sólo me permitió estar cerca de mis seres queridos, sino que también me acercó a nuevas y maravillosas personas.

martes, 23 de diciembre de 2008

Actualización

Hace casi una semana que este espacio no se actualizaba. Quizá ha sido éste el periodo de abandono más prolongado desde que en octubre me entró una intensa racha inspiradora, cuyos rezagos todavía podían percibirse en las entradas de las últimas semanas. 

El hecho es que entre cuestiones laborales, festejos y escapadas repentinas, he pasado varios días alejado de mi faceta digital. Así, desde que relaté mi crónica taxista hasta ahora, han sucedido muchas cosas. Probablemente la más evidente sea el cambio de edad: desde este domingo tengo la simbólica cantidad de 33 años. 

El caso es que hay varias cosas por compartir. Ocurrencias que tengo muchas ganas de comentar aquí, en este peculiar y mágico refugio que me he venido construyendo a lo largo de un año. Sin duda las notas que ya se cocinan en mi cabeza están claramente cargadas de nostalgias. No sólo he cumplido un año más; también, como cada año, mi espíritu Grinch cede a las reflexiones de temporada. 

Y en esta ocasión, las divagaciones navideñas y de fin de año se mezclan con un motivo más para celebrar: el primer aniversario de mi llegada a la blogósfera. El haber publicado mi primer post en enero de 2008 hace que coincida el cierre del año civil con el cierre de mi primer año como blogger

Aunque sé que el rating también baja en estas fechas en que todos andamos en otros rollos, mi intención es recuperar algunas de mis notas pendientes e ir celebrando durante varios días este primer aniversario. Así que, ya sea en tiempo real o recuperando lecturas más adelante, me encanta saber que aquí andamos compartiendo juntos.