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domingo, 1 de noviembre de 2009

Sobre la muerte

«Hoy que Dios me deja de soñar...»
Horacio Ferrer

Me cuesta tanto trabajo pensarte, muerte. No sé si decir que tengo miedo fuese la forma más adecuada de referirme a ti. Es sólo que, cuando se da la ocasión, prefiero no pensarte. Te siento tan lejana y tan cerca, siempre. Quizá porque al mantenerte tan distante todos estos años, me recuerdas inevitablemente que estás allí.

Cuando Jacka y Rodo convocaron este año a la segunda edición de la Semana Mortuoria, decidí que quería sumarme nuevamente. Diversas circunstancias me hicieron creer que esta vez no lograría siquiera cumplir uno de los retos. Pero aquí estoy. Comenzando con el que más trabajo me significa. Reflexionar sobre ti, que tanto me cuestas.

Hace unos minutos que me decidía a escribir unas líneas sobre ti, vinieron a mi memoria unos versos de Sabines en el largo y entrañable poema que escribe a la muerte de su padre... «Morir es retirarse, hacerse a un lado / ocultarse un momento, estarse quieto / pasar el aire de una orilla a nado / y estar en todas partes en secreto».

Hace poco más de diez años que un par de colegas y yo preparamos un video documental/experimental sobre la forma en que has sido vista desde la poesía mexicana. Viajábamos desde textos míticos de poetas nahuas, hasta uno que otro autor contemporáneo. En ese entonces me topé en la biblioteca de mi padre con un puñado de libros de Elías Nandino, que pronto me cautivó; en uno de ellos escribe: «Morir es / alzar el vuelo / sin alas / sin ojos / y sin cuerpo».

Ya se ve que, ante mi incapacidad para referirme directamente a ti, muerte, he terminado acudiendo a otros, que han sabido acercarme un poco a ti.

Curiosamente en estos días me ha rondado una pieza de Piazzolla con letra del poeta Horacio Ferrer: Balada para mi muerte. Dice ahí que la muerte le llegará de madrugada, «que es la hora en que mueren los que saben morir». En eso creo estar de acuerdo.

martes, 19 de mayo de 2009

Consenso

«No será con todos ni será siempre, pero a veces ocurre lo que estamos viendo estos días: que, porque ha muerto un poeta, aparecen en todo el mundo lectores de poesía que se declaran devotos de Mario Benedetti, que necesitan un poema que exprese su desconsuelo y tal vez también para recordar un pasado en que la poesía tuvo un lugar permanente, cuando hoy es la economía la que nos impide dormir.» Son palabras de José Saramago, ayer, en su blog. Cierto. Con Benedetti, me parece, pasa lo que sólo con esos grandes poetas de lo cotidiano. Pasa con Benedetti lo que con Neruda o con Sabines. Esos que no en vano se ganaron no sólo el reconocimiento de los letrados sino la pasión de los analfabetos.

Sigue diciendo Saramago: «Y esto, en pocas líneas, es lo que está sucediendo: murió Mario Benedetti en Montevideo y el planeta se hizo pequeño para albergar la emoción de las personas. De súbito los libros se abrieron y comenzaron a expandirse en versos, versos de despedida, versos de militancia, versos de amor, las constantes de la vida de Benedetti, junto a su patria, sus amigos, el fútbol y algunos boliches de trago largo y noches todavía más largas.»

En la blogósfera sucedió lo que pocas veces: cibernautas de todas los perfiles demográficos y todas las adscripciones ideológicas coincidieron por un día. Cada uno buscó su personal manera de despedirse. Su forma de evocar al poeta. De los blogs en mi lista, Amaya fue de las primeras en dar la mala nueva, citando el inmortal "Táctica y Estrategia". El "Chau Mario" de Jacka se valió de un texto extraordinario y nunca más oportuno: "Pequeñas Muertes". Desde Argentina, desde ese sur que también existe, Jake se despidió haciendo una relación del amplio legado que nos dejó el uruguayo, mientras J. P. Hajime se declaraba jodido y radiante citando el otro clásico: "Viceversa". Ángeles Mastreta construyó en su blog un maravilloso pastiche para narrar sus encuentros con el poeta, Luna trajo a la mesa aquello de "preciso tiempo..." (que muy bien me viene en estos días de tantos pendientes) y Mariana —alumna mía hace casi una década y lo más nuevo en mi blog roll— evocó el "Chau número tres" para agradecer a Mario por el amor y el desamor, por Santomé, por las letras que son más que letras.

De Benedetti, dice Ángeles Mastretta ayer en su blog: «Tuvo una vida llena de cansancios. Y con ellos andaba por el mundo, escribiendo canciones. Perseguido, lastimado, sonriente.» Y afirma Saramago que al morir, Mario «hizo de nosotros herederos del bagaje de una vida fuera de lo común.»

domingo, 17 de mayo de 2009

Cantemos

Ha dejado ya esta Tierra. En su honor, ¿por qué no cantamos?
EPC

Si cada hora vino con su muerte,
si el tiempo era una cueva de ladrones,
los aires ya no son tan buenos aires,
la vida nada más que un blanco móvil
y usted preguntará por qué cantamos...

Si los nuestros quedaron sin abrazo,
la patria casi muerta de tristeza,
y el corazón del hombre se hizo añicos
antes de que estallara la vergüenza
Usted preguntará por qué cantamos...

Cantamos porque el río está sonando,
y cuando el río suena suena el río.
Cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino.
Cantamos porque el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo.
Cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos.

Si fuimos lejos como un horizonte,
si aquí quedaron árboles y cielo,
si cada noche siempre era una ausencia
y cada despertar un desencuentro
Usted preguntará por qué cantamos...

Cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la Vida
y porque no podemos, ni queremos
dejar que la canción se haga cenizas.
Cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto, ni la bronca.
Cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota.
Cantamos porque el Sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo, en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta...


"Por qué cantamos" de Canciones del desexilio (1983)
Mario Benedetti
14.09.1920 - 17.05.2009

jueves, 19 de marzo de 2009

Diez años...

Cuando los lustros y las décadas se vuelven unidades frecuentes para referirse a lo que uno ha vivido, se tiene la certeza de estar realmente envejeciendo. Pero —a diferencia de lo que sugiere alguna canción ranchera— no lo digo como un lamento; lo afirmo con la satisfacción que representa crecer, hacerse viejo, acumular experiencias. 

Hace un decenio cursaba el último semestre de mi carrera. Y entre los recuerdos de aquel periodo, está imborrable la mañana en que supe de la muerte de Jaime Sabines. El amoroso Sabines. Hoy hace diez años de su partida. Pero el gran poeta chiapaneco, aunque sea un lugar común afirmarlo, vive a través de las palabras que compartió entonces y sigue compartiendo con quien tenga oídos para oírlo. 

Alguna vez desde Barcelona dediqué una entrada en el antiguo blog al maestro Sabines, incluyendo un puñado de textos leídos por él mismo en el Palacio de Bellas Artes. Entre ellos, mi preferido, que hoy transcribo aquí, como humilde homenaje y urgente recordatorio de este extraordinario hombre.
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Apunte. Y hablando de años y memorias... Ayer tuve oportunidad de comer y charlar largo y tendido con una amiga de hace muchos años. Nuestros cálculos arrojan que hace casi una década que no nos veíamos. Ayer hubo oportunidad de actualizarse y de recordar. Un encuentro de esos que dan pauta a seguir con lo que vengo llamando el "proceso de recuperación de mi pasado".